Violencia cede a nivel nacional, pero se focaliza en ocho estados
Aunque abril de 2026 registra el menor nivel de homicidios en más de una década, la violencia persiste con fuerza en regiones específicas del país.
La reducción de homicidios dolosos en México comienza a perfilar un cambio en la tendencia nacional, pero también exhibe un fenómeno persistente: la concentración territorial de la violencia. Así lo revela el más reciente informe del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), presentado por su titular, Marcela Figueroa.
De acuerdo con las cifras oficiales, abril de 2026 se posicionó como el mes de abril con el promedio diario más bajo de homicidios dolosos en los últimos 11 años. El descenso, subrayó la funcionaria, representa una caída del 40 por ciento desde el inicio de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El indicador clave muestra que el promedio diario de víctimas pasó de 86.9 en septiembre de 2024 a 52.5 en abril de este año, es decir, 34 asesinatos menos cada día. En el acumulado del primer cuatrimestre de 2026, el promedio se ubicó en 51.2 casos diarios, el nivel más bajo para un periodo similar desde 2015.
Sin embargo, el descenso nacional contrasta con la persistencia de focos rojos. Ocho entidades concentran más de la mitad de los homicidios registrados en el país, lo que evidencia una geografía de la violencia cada vez más definida.
Chihuahua y Guanajuato encabezan la lista con 129 asesinatos cada uno durante abril, equivalentes al 8.2 por ciento del total nacional respectivamente. A estos se suman Morelos, Baja California, Sinaloa, Estado de México, Veracruz y Guerrero, que en conjunto acumulan el 53 por ciento de los homicidios dolosos.
El informe sugiere que, aunque la estrategia federal ha logrado contener la violencia en términos generales, los conflictos vinculados al crimen organizado siguen activos en regiones específicas, donde las disputas territoriales y las economías ilícitas mantienen altos niveles de letalidad.
En contraste, 26 entidades federativas reportaron reducciones en homicidio doloso al comparar el primer cuatrimestre de 2025 con el de 2026. Destacan los casos de San Luis Potosí, con una disminución de 80.8 por ciento; Zacatecas, con 61.8 por ciento; y Quintana Roo, con 60.3 por ciento.
El reporte también pone atención en estados considerados prioritarios al inicio del sexenio. En el Estado de México, los homicidios se redujeron 55 por ciento, al pasar de 6.6 asesinatos diarios en septiembre de 2024 a tres en abril de 2026.
Guanajuato, históricamente uno de los epicentros de la violencia, presentó un comportamiento más complejo. Tras un incremento sostenido entre septiembre de 2024 y febrero de 2025, las autoridades atribuyen la posterior caída a ajustes en la estrategia de seguridad y a la detención de generadores de violencia. El estado logró una reducción de 66 por ciento en homicidios diarios, al pasar de 12.7 a 4.3.
Otras entidades también registraron descensos relevantes: Baja California con 53 por ciento, Sonora con 55 por ciento y Zacatecas con 82 por ciento, uno de los casos más destacados en la disminución de la incidencia.
Más allá del homicidio doloso, el gobierno federal destacó una reducción sostenida en delitos de alto impacto. El promedio diario pasó de 969.4 casos en 2018 a 461.5 en lo que va de 2026, lo que implica una caída del 52 por ciento.
En comparación anual, el feminicidio disminuyó 7.8 por ciento; el secuestro, 28.8 por ciento; la extorsión, 7.7 por ciento; y el robo con violencia, 16.9 por ciento. El robo de vehículo con violencia también mostró una baja significativa de 39 por ciento, al pasar de 149.1 casos diarios en septiembre de 2024 a 90.8 en abril de este año.
Pese a estos avances, el diagnóstico oficial reconoce un desafío estructural: la violencia no desaparece, se redistribuye. La disminución de los promedios nacionales convive con la persistencia de corredores críticos donde la incidencia delictiva sigue ligada a dinámicas del narcotráfico y a la fragmentación de grupos criminales.
En ese contexto, el reto para la política de seguridad no solo radica en mantener la tendencia a la baja, sino en desarticular los núcleos territoriales donde la violencia continúa arraigada.
