Sheinbaum evita confrontación y reivindica nombre histórico del Golfo de México ante declaraciones de Trump
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, optó por un tono conciliador pero firme al responder a las recientes declaraciones de su homólogo estadounidense, Donald Trump, quien aseguró haber cambiado el nombre del Golfo de México a “Golfo de América” mediante un decreto en su país.
Durante un evento público en Sombrerete, Zacatecas, la mandataria mexicana evitó escalar la polémica y dejó claro que México no busca conflicto con Estados Unidos, subrayando la relación de cooperación entre ambas naciones. Sin embargo, aprovechó el momento para reafirmar, con el respaldo popular, la identidad histórica y geográfica del Golfo.
“¿Cómo se llama el Golfo?”, preguntó Sheinbaum a los asistentes, quienes respondieron al unísono: “¡De México!”. La escena se repitió en dos ocasiones, en un gesto que combinó simbolismo político y respaldo ciudadano.
Las declaraciones se producen luego de que Trump relatara, en el Foro de Inversión Saudí en Miami, una supuesta conversación telefónica con la presidenta mexicana, en la que —según su versión— ella habría expresado sorpresa por la decisión unilateral de renombrar la cuenca marítima.
Sheinbaum evita confrontación y reivindica nombre histórico del Golfo de México ante declaraciones de Trump
El exmandatario estadounidense afirmó que la medida se concretó rápidamente tras la firma de una orden ejecutiva, aunque reconoció que “México no estuvo encantado” con el cambio.
No obstante, más allá del discurso político, el nombre de Golfo de México mantiene pleno reconocimiento internacional. Desde 1921, la denominación está avalada por la Organización Hidrográfica Internacional, de la cual forman parte tanto México como Estados Unidos. Además, el término es utilizado de manera oficial en cartas náuticas, acuerdos internacionales y más de 400 registros cartográficos en vigor.
Especialistas señalan que cualquier modificación al nombre de una región marítima de carácter internacional requiere consenso multilateral, por lo que la orden firmada por Trump tendría efectos limitados únicamente dentro de la jurisdicción estadounidense.
En este contexto, la respuesta de Sheinbaum no solo buscó desactivar una posible tensión diplomática, sino también reforzar una narrativa de soberanía simbólica, sin romper los canales de diálogo con el principal socio comercial de México.
