Por sus egresados los conoceréis

Criminal tormenta de mentiras

Hay indignación en algunas personas porque las becas a estudiantes de diferentes edades no son otorgadas a los estudiantes de escuelas privadas, a pesar de que los padres o estudiantes hacen un esfuerzo económico mayor.

Señalan, además, que si las becas forman parte de los programas sociales, éstos se han convertido en un derecho y todo derecho debe ser para todos los mexicanos sin distingo.

La respuesta al reclamo por no estar incliudos los estudiantes de escuelas privadas a algunos programas sociales, la respuesta la ofrecen los propios estudiantes de este tipo de escuelas.

La muestra de algunos egresados de esas escuelas que lejos de educar adoctrinan. Veamos a los egresados de la Escuela Libre de derecha, perdón, de ultraderecha, o de Derecho: estudió Felipe Calderón, Javier Lozano, Jorge Romero, Margarita Zavala, José Mario de la Garza Marroquín, socio de Claudio X. González y padre del creador de un grupo de choque estudiantil de ultraderecha. Sin olvidar a Florencia Melany Franco Fernández, funcionaria de Hacienda que nunca le enseñaron la diferencia entre una playa un recinto que resguarda la historia nacional, egresada de esa misma escuela.

Aurelio nuño, egresado de la Ibero, quien siendo secretario de Educación, no sabía que la palabra leer, tenía doble vocal; o el fósil de esa universidad Carls Alazraki, cuya ignorancia es desproporcionada.

Un caso emblemático es el del regio, Guillermo Andrés Salinas Treviño, Memo Salinas, sobrino de Ricardo Salinas Pliego, y propietario de la Universidad de la Libertad.

Nacido en Monterrey, Nuevo León, Memo lidera Grupo Avalanz, su genial sugerencia es que se imprima más dinero, de tal manera que haya tanto que sea innecesario pagar impuestos y avanzar en el desarrollo del país. El genio es egresado de la Universidad de la Libertad.

La Universidad Anáhuac no se queda atrás, con personajes como Juan Miguel Zunzunegui Ibarra, empelado de Salinas Pliego, autodenominado historiador, pero estudió Comunicación, en esa escuela confesional.

Esta es la realidad de la educación privada, en México, la calidad del conocimiento es nula, pero el adoctrinamiento es creciente.

En este escenario hay quienes piden becas para quienes estudian en escuela privadas, porque denuncian que sólo hay programas sociales para estudiantes de educación pública, como Becas Benito Juárez, La Escuela es Nuestra, Programas de infraestructura, equipamiento y alimentación escolar, Programas de convivencia, inglés y lectura de la SEP.

Con representantes de la educación privada los programas sociales serían un desperdicio, y tendrían razón los cuestionamientos de la derecha acerca de que el dinero de los programas es un gasto innecesario.

Ninguna beca puede compensar la manera en que una parte de la clase media considera que la mejor educación es la más cara, que sólo lo que cuesta vale la pena adquirirlo, que la publicidad garantiza la calidad, etc.

La guerra contra la educación pública en México ha tenido muchos enemigos, y ha provocado hasta que surjan partidos políticos para contrarrestar su avance. Es el enemigo más viejo de la derecha oficial mexicana en lo general, y, en lo particular, los libros de texto de la SEP, contra los que siempre han combatido.

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El surgimiento de las escuelas privadas en México es tan anacrónica como el uso de velas para alumbrar. En Tenochtitlan, existían dos escuelas: el Calmécac, al que asistían los niños que pertenecían a la nobleza, y el Telpochcalli, para el resto de la sociedad.

Cuando las universidades privadas quisieron extenderse y hacer de su crecimiento un “regalo” para los mexicanos, crearon una estrategia que no tardó en descubrirse en los años 50 del siglo pasado.

Eran tiempos en que el Aviso Oportuno de los diarios era la mejor agencia de colocaciones laborales. Los directivos de escuelas privadas publicaban ofertas de trabajo, con la leyenda. “Egresados de la UNAM, abstenerse”.

Cuando los aspirantes a esas vacantes asistían al lugar, las oficinas no existían, eran terrenos baldíos o casa particulares. La reiterada acción que duró años, fue puntualmente denunciada.

La guerra de las universidades privadas no ofrece un complemento en la educación, mucho menos una vocación sino un negocio. Fue la primera empresa en la historia del país en convertir un derecho en una mercancía.

Esto, como muchas otras acciones, explica, a satisfacción, la razón por la cual las becas son para quienes las trabajan y luchan por transformar la realidad y no conservarla como estuvo en el pasado.


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