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Entre la devoción y el desorden: la Pasión de Cristo en Iztapalapa enfrenta retos en su año como patrimonio mundial

Entre la devoción y el desorden: la Pasión de Cristo en Iztapalapa enfrenta retos en su año como patrimonio mundial

La 183 Representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa , celebrada por primera vez bajo el reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO , dejó ver no sólo la fuerza de una tradición centenaria, sino también los desafíos logísticos que enfrenta ante su creciente magnitud.

La escenificación, una de las manifestaciones religiosas más emblemáticas del país, se desarrolló en medio de retrasos y momentos de tensión que contrastaron con la profunda carga simbólica del evento. Con más de una hora de atraso, el momento de la crucifixión finalmente se llevó a cabo en el Cerro de la Estrella, donde miles de personas aguardaban desde temprano.

A lo largo del recorrido, la fe volvió a ser el eje central. Decenas de nazarenos —hombres, mujeres e incluso niños— caminaron descalzos como acto de penitencia, cargando cruces o cumpliendo promesas personales. Historias como la de José, un niño de ocho años que participa por convicción familiar, reflejan el arraigo generacional de esta tradición, donde también convergen testimonios de superación de enfermedades o adicciones.

No obstante, la organización se vio rebasada en puntos clave como la Macroplaza, donde la presencia de visitantes y creadores de contenido generó fricciones con representantes de medios de comunicación. Entre empujones, reclamos y dificultades para acceder a zonas delimitadas, periodistas denunciaron obstáculos para realizar su labor.

Las tensiones se intensificaron durante escenas como la flagelación, cuando el control de acceso provocó roces entre asistentes y elementos de resguardo caracterizados como centuriones. La falta de orden en estos espacios evidenció los retos que implica coordinar un evento de tal magnitud, especialmente tras su reciente reconocimiento internacional, que ha incrementado la afluencia.

En paralelo, el comercio informal se mantuvo activo durante toda la jornada. Vendedores ofrecieron desde bebidas hasta antojitos, aprovechando la concentración masiva de visitantes que buscaban presenciar la representación desde distintos puntos.

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Pese a los contratiempos, el momento culminante logró imponer silencio. Ya en la cima del cerro, el actor que representó a Cristo —visiblemente agotado tras cargar una cruz de más de 70 kilogramos— pronunció la frase “Perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen”, mientras miles de asistentes guardaban respeto ante la escena final.

La edición 183 de esta representación deja así una doble lectura: por un lado, la vigencia de una tradición que moviliza la fe de miles; por otro, la necesidad de fortalecer su organización ante el creciente interés nacional e internacional que hoy la coloca en la mirada del mundo.


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