Asesinar la tristeza del mundo
Para lograr desgastar al gobierno, algunos grupos se convierten es una especie de enemigos de la alegría que por derecho les corresponde a los mexicanos, luego de que sus mexicanos presaron su territorio para el desarrollo de un deporte que les apasiona.
La tragedia de algunos mexicanos exige solidaridad pero no puede anular la alegría de quienes tienen una fiesta. No son insensibles simplemente celebran en el momento de estar contentos y o pueden llamar la tención sobre un problema que muchas veces las propias víctimas provocaron, tal es el caso de quienes atraídos por las ganancias del crimen organizado hicieron caso de las convocatorias que a través de las redes les ofrecían trabajo fácil y se involucraron obligados a veces por gusto dentro de las filas de la delincuencia.
Ni siquiera Irán dejó la alegría de aparecer ante el mundo en el mundial a pesar de estar en guerra, pero mostraron las mochilas de las niñas asesinadas hace unos meses por un misil de Israel en una escuela primaria de su país. Ahora, las madres quieren sustituir los eventos mundiales por tragedias que ocurrieron el siglo pasado.
Algunos de esos jóvenes intentaron desaparecer o desaparecieron a otros, cuyas madres unidas ahora lloran su ausencia, sin importar el lado de la justicia donde se encontraban sus hijos.
Actualmente de ocho años a la fecha las desapariciones de jóvenes dejaron de ser responsabilidad del gobierno para tener como causante al crimen organizado que los obligó o los incorporó voluntariamente, a sus filas. Otra parte de los desaparecidos recientemente han salido a divertirse y resultaron asaltados, asesinados o desparecidos. En ningún momento se trata de guerrilleros, defensores de la naturaleza, líderes ecologistas, activistas, cuyas desapariciones iniciaron los movimientos sociales que crearon esos grupos de madres, a las que poco a poco fueron sumándose otras, cuyos hijos desaprecían por causas muy diferentes a las perpetradas contra los jóvenes reprimidos por el gobierno.
Los grupos de madres que exigen que sus hijos aparezcan surgieron originalmente como reacción a la sistemática represión de los regímenes autoritarios, ahora tratan de borrar los actuales colectivos, que lo mismo les da afiliarse al PAN, a Movimiento Ciudadano o al PRI, para tener un subsidio que a esos partidos les sirve de bandera para crear el contrapeso que no pueden tener en las urnas.
El número de madres buscadoras aumenta todos los días, mientras los desaparecidos siguen siendo los mismos, lo cual habla de un atractivo adicional que nada tiene que ver con la tragedia que las mueve a la protesta
Hay colectivos que no sucumbieron ante la tentación de pagos o comodidades persoanles y siguen en la lucha sin padrinazgos de corruptos políticos, quienes disfrazan una lucha digna con histrionismo exacerbado frente a los medios.
La dramatización de una tragedia que nunca debió existir llega a extremos de comedia como es el caso de un padre buscador que empezó a hacer “cua…cua..cua”, para competir con el Pato Merlín, mascota popular que apareció en la conferencia matutina, de la Presidenta, y ser atendido. Pero si él no encuentra a su hijo desde hace muchos años, nadie puede encontrarlo. Los buscadores son cada vez más protagónicos en busca de reflectores, dejando atrás el objetivo original de su búsqueda.
La gran mayoría de las desapariciones tienen tres decenios de antigüedad y no puede culparse a los gobernantes del partido ene l poder de desaparecer a los jóvenes. Puede que en algunos casos en estados como Jalisco, gobernado por MC desde hace siete años, sí pudiera tener responsabilidad el gobernador anterior, periodo en el que hubo muchos problemas de esta índole durante la gestión de Enrqiue Alfaro, militante de ese partido.
Y es precisamente en Jalisco, donde su actual gobernador, Pablo Lemus, se une a la intención de desaparecer el júbilo que imprime uno de los deportes favoritos de la mayoría de los mexicanos en nombre de un movimiento que adoptó membrete y consigna partidistas contra un gobierno que nada tiene que ver con los anteriores, al decir: “El júbilo deportivo no debe nublar la conciencia sobre la crisis de seguridad que padece el país”.
Discurso que casualmente tienen las madres buscadoras que encuentran besos de aficionados de otros países indiscriminadamente, como muestra de “solidaridad” para su causa, frente a las cámaras de televisión, según ellas con el objetivo de visibilizar su tragedia.
Los colectivos apadrinados por partidos políticos tienen el mismo discurso sin importar el partido de oposición que las patrocine, quieren asesinar la alegría de una fiesta que ocurre cada cuatro años, por un problema que muchas veces sucedió el siglo pasado, pero insisten en responsabilizar a las actuales autoridades para tener canonjías ante líderes de oposición que los subsidia para desgastar al gobierno, que les ha dado a los colectivos más apoyo que cualquier otro.
Esas mismas madres se sumaron a los rebeldes sin causa de la CNTE y las dejaron colgadas de la brocha, pero siguen siendo fieles seguidoras de Ceci Flores, quien en su afán por alcanzar un cargo de elección popular sigue adherida al PAN.
Algunas de esas madres pasaron de ser apolíticas a trágicas madres buscadoras, quienes ocultan las acciones, conductas y actividades de sus hijos a los que ahora llaman víctimas de un gobierno que está muy lejos de realizar las prácticas que caracterizaron a los partidos que ahora las subsidian y que, ante su frustración, encuentran el consuelo de las cámaras y micrófonos, intentando secuestrar la alegría en nombre de desapariciones cuyas causas mantienen en secreto ante los medios.
