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Crónica: Pequeño escultor regala al Gobernador Javier May su primera obra como agradecimiento por la ayuda brindada a su familia con Pescando Vida

Crónica: Pequeño escultor regala al Gobernador Javier May su primera obra como agradecimiento por la ayuda brindada a su familia con Pescando Vida

Pequeño escultor regala al Gobernador Javier May su primera obra
  • Descendiente de escultores mayas y olmecas, el joven jonuteco redescubrió una práctica casi olvidada en su familia.

Desde hace casi un año, Martín comenzó a notar un cambio grande en su hogar en San José, Jonuta, aunque su padre seguía levantándose con la neblina del río cubriendo la ribera para irse a trabajar antes de que el sol quemara su lomo y su madre continuaba tejiendo el lirio deshidratado para terminar un sombrero, junto al frescor de la ventana, él sabía que las cosas habían cambiado para bien.

Algo había mejorado desde la primavera pasada en que sus padres fueron al puerto para recibir un certificado que les daría otro trabajo más, ahora alimentarían peces, así le había dicho su madre, que era la beneficiaria, aunque su padre se sumaría a apoyarla.

Notó que su padre ahora hasta silbaba cuando terminaban la faena en el campo; el rostro de su madre se iluminaba cuando regresaba de las reuniones que ahora tenía con otros vecinos que también habían entrado al programa Pescando Vida.

Los días parecían estar cargados de confianza. Mario quiso a la hora en que sonó la campana para el recreo contarles a sus amigos de sexto grado, la novedad de lo que sus ojillos encontraban, pero se halló con el descubrimiento de que ellos estaban viviendo una transformación como la suya.

Martín comenzó a notar un cambio grande en su hogar en San José

Un buen día escuchó por algunos maestros y sus propios padres, que el artífice del programa visitaría el ejido. Se puso literalmente manos a la obra.

De un pedazo de macuilí haría una escultura de madera, sería su primera artesanía y la obsequiaría al Gobernador, en agradecimiento, cuando viniera a la comunidad. A pesar de que sus manos pequeñas nunca habían tallado la madera, supieron empuñar la navaja, rasgar del lado correcto de la corteza, al cabo que la sangre de su abuelo, tallador de madera, estaba también en la suya.

El abuelo había sacado de la madera de árboles cercanos caballos con la crin izada que parecía galopar el pantano, toros esponjarse en medio de espejos de agua, pejelagartos meditabundos sumergidos bajo el agua.

Poco a poco la madera fue tomando forma, el manatí estaba naciendo, le llevó tres meses concluir su obra para complacer al causante de que, en su casa, la incertidumbre hubiera hecho maletas y salido por la puerta, sin que nadie la volviera a extrañar.

“Hice un manatí y se lo voy a obsequiar al Gobernador por el apoyo que le dio a mi mamá de Pescando Vida, y en lo que nos ha ayudado”, explicó Mario cuando ya el sirénido estaba perfectamente barnizado. Ellos aceptaron su decisión, contentos de ver que la habilidad del abuelo estaba garantizada para las próximas generaciones, una tradición que viene desde sus antiguos parientes, Olmecas y Mayas, grandes escultores de piedras grandes y pequeñas.

Pequeño escultor

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El sábado 24 de enero, don Ramón Hernández salió con Mario tomados de la mano y se dirigen a la escuela Mario Díaz, que muy bien conoce el pequeño. No hay clases, pero la cancha techada es una verbena, hay una fila enorme para las audiencias que da el Gobernador.

Mario está sereno, es la tranquilidad que da el hacer el bien y sentirse agradecido. Con el don de gente de los pantanos, entrega al Gobernador su pequeña pero hermosa obra. Javier May Rodríguez la sostiene en sus manos conmovido por el talento del pequeño artesano de gran corazón. “Muchas gracias por el programa que nos ha dado y felicidades por ser el Gobernador”, dice el niño antes de despedirse.

Don Ramón Hernández se siente más orgulloso de su hijo. “Él está rescatando algo que prácticamente se había perdido”, dice de su pequeño. “Es el primer gobernador que visita la ranchería San José. Nunca se había visto a un Gobernador atendiendo a los Centros Integradores”, opina del mandatario.

Caminando de regreso a su casa, sin soltar la mano de su padre, Mario platica sus planes próximos. “Les voy a decir a mis amigos que me han apoyado y han estado ahí para ayudarme que ya hice una artesanía, me quedó bien y se la regalé al Gobernador. Y me siento muy contento. Quiero ser contador, pero seguir con lo de la madera y con eso me voy apoyando para seguir”, dice.

Él tampoco es el mismo de hace tiempo. Se ha transformado. Es feliz.


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