Trump alumno de Faniel ortega

Criminal tormenta de mentiras

Ahora sí hay elecciones libres apa los enemigos del régimen e Nicaragua. Sólo faltaba que algo sucediera en ese país para que la derecha resurgiera con una postura contradictora como lo hacen siempre los conservadores.

Hace días, Daniel Ortega, anunció que en el país “no volverá a haber elecciones”, una declaración que generó cuestionamientos de la oposición y de analistas internacionales, quienes consideran que la medida profundiza el proceso de concentración de poder impulsado por el mandatario desde su regreso a la Presidencia en 2007. Cuestión de percepción.

Los primeros en condenar la decisión fue el presidente del vecino del norte, Trump, y sus seguidores alquilados.

La democracia de Estados Unidos no es democracia, y no es por el reducido número de partidos políticos sino por la similitud que existe entre ellos. No hay diferencias políticas, administrativas, ideológicas, culturales, históricas sustanciales. Es una mascarada para legitimar una hegemonía ficticia, es decir, un modelo electoral, que sólo cambia de cara, como sucedió con el PRI durante más de 70 años.

A pesar de esto Trump sigue considerando que su mandato es producto de una democracia, incluso cree que es la mejor democracia del mundo y quiere imponerla en países donde la tradición política no es la democracia, que es un esquema perfectible y a veces decadente. Ante esta situación es el propio Trump quien intenta herirla al insinuar que las elecciones de su país de noviembre deberían desaparecer.

“No voy a decir que cancelemos las elecciones; ellos deberían cancelarlas”, declaró en días pasados, refiriéndose a los demócratas que han mostrado un total rechazo a su política. Y añadió: “Si lo pensamos bien, ni siquiera deberíamos tener elecciones”. Trump sabe que perderá, en cambio Ortega sabe que, sin fraude ganará, pero la artillería de Marco Rubio, de la que forma parte Alito Moreno, convertido en el técnico experto en alterar resultados electorales, para realizar fraudes electorales está lista para deshacer años de hegemonía sandinistas, que le tiene muy incómoda a la Casa Blanca.

Las razones no son las mismas, desde luego, pero la intención de golpear la democracia es similar. El fraude en Colombia, donde Gustavo Petro, denunció, con pruebas que 1,8 millones de votos fueron manipulados por Israel en las recientes elecciones de su país, cuando la diferencia de votos fue de poco menos de 700 mil votos.

Sucede lo mismo con Perú, Ecuador, Bolivia, Honduras, Chile, el fraude en elecciones reñidas de Latinoamérica, y no sería una sorpresa que sucediera en Nicaragua, a pesar de que en las ultimas elecciones obtuvo el 75 por ciento de los votos emitidos, con porcentaje de abstencionismo de casi el 80 por ciento.

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Ortega anunció el fin de las elecciones en Nicaragua durante el 47° aniversario de la Revolución Sandinista, al afirmar que no permitirá nuevos comicios para que la oposición intente “atrapar el gobierno, atrapar el poder”. Lo explicó a su manera, desde la vejez y el lenguaje de un guerrillero de 80 años, pero en el fondo arrebatar significa fraude electoral.

México soportó muchos fraudes electorales, apoyados por Estados Unidos, incluso financiados por el Departamento de Estado. El peligro del fraude electoral es latente, más aún cuando el delirio del emperador Trump quiere alcanzar el contente.

La aprobación de ortega en la población es del 40 por ciento; la de Trump del 19 por ciento.

Estados Unidos tiene elecciones en noviembre; Nicaragua debe celebrar elecciones presidenciales en 2027. La democracia tiene enemigos a diestra y siniestra. El voto se queda sin urnas.


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