Sheinbaum impulsa regulación digital para proteger adolescentes

La presidenta propone acuerdos escolares y familiares para limitar riesgos digitales, recuperar hábitos de lectura y fortalecer el desarrollo juvenil.

 

El debate sobre el uso de teléfonos y redes sociales entre niñas, niños y adolescentes debe pasar de la prohibición generalizada a una regulación responsable que involucre a escuelas, familias, docentes y autoridades, planteó la presidenta Claudia Sheinbaum.

 

La mandataria sostuvo que la tecnología no debe considerarse un enemigo, debido a que los dispositivos digitales ofrecen herramientas útiles para la educación, la comunicación y el acceso a contenidos. Sin embargo, advirtió que las redes sociales representan un desafío distinto por los mecanismos con los que buscan mantener conectados a sus usuarios durante periodos prolongados.

 

“El uso del teléfono es benéfico para muchos temas; no se trata de prohibirlo todo”, señaló al abordar la discusión sobre la presencia de celulares en las aulas y la necesidad de establecer reglas que protejan el desarrollo de los jóvenes.

 

Sheinbaum explicó que muchas plataformas digitales fueron diseñadas para captar y retener la atención, debido a que forman parte de modelos comerciales impulsados por empresas privadas. Aunque en internet existen contenidos educativos y herramientas de aprendizaje, los sistemas de recomendación y los mecanismos de interacción pueden generar hábitos de consumo excesivo.

 

Por ello, consideró que la regulación no debe reducirse a decidir si se permite o se prohíbe el uso de teléfonos, sino que debe construirse mediante acuerdos colectivos y aplicarse de acuerdo con las necesidades de cada comunidad escolar.

 

Actualmente, al menos 15 entidades del país cuentan con disposiciones relacionadas con el uso de dispositivos móviles en los planteles, mientras que diversas escuelas han establecido restricciones por decisión de directivos y docentes.

 

La presidenta también destacó que algunos países que impulsaron una digitalización amplia de sus sistemas educativos comenzaron a recuperar prácticas tradicionales, como la lectura en libros impresos y la escritura a mano.

 

Explicó que escribir, analizar un texto y participar en discusiones presenciales favorece procesos cognitivos diferentes a los que se desarrollan al limitar el aprendizaje a teclear información o consumir videos de manera continua.

 

México, afirmó, debe participar en el debate internacional sobre los efectos de la tecnología en la educación y la salud emocional, sin evitar el tema por temor a que las medidas regulatorias sean interpretadas como una postura prohibicionista.

 

La discusión también debe llegar a los hogares, añadió, mediante preguntas sobre el tiempo que los adolescentes pasan frente a las pantallas, los contenidos que consumen y los aprendizajes que obtienen a través de internet.

 

El impacto de la pandemia es otro factor que debe considerarse. Durante los periodos de confinamiento, las pantallas se convirtieron en uno de los principales medios de comunicación, entretenimiento y educación para millones de estudiantes.

 

Diversas investigaciones han asociado el aumento del tiempo frente a dispositivos con problemas de ansiedad, depresión, dificultades de atención y afectaciones en el desarrollo social, aunque los especialistas advierten que los efectos pueden variar según la edad, el tipo de contenido y las condiciones familiares.

 

El psicólogo social Jonathan Haidt, autor del libro La Generación Ansiosa, ha señalado que entre 2010 y 2015 ocurrió una transformación acelerada: la infancia basada en el juego y la convivencia presencial comenzó a ser sustituida por una dinámica centrada en teléfonos inteligentes y redes sociales.

 

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De acuerdo con el especialista, la idea de que las nuevas generaciones serían automáticamente más capaces por haber crecido rodeadas de tecnología no se ha confirmado. Entre los riesgos analizados se encuentran el aumento de síntomas de ansiedad y depresión, trastornos alimentarios, dependencia digital, menor capacidad de concentración, acoso y dificultades en el aprendizaje.

 

Haidt sostiene que la atención de niñas, niños y adolescentes se ha convertido en un recurso comercial para las empresas tecnológicas, que utilizan algoritmos y sistemas automatizados para prolongar la permanencia de los usuarios en las plataformas.

 

Entre las propuestas planteadas por especialistas se encuentra establecer escuelas libres de teléfonos durante toda la jornada escolar, no únicamente durante las clases. El objetivo es recuperar la convivencia, fortalecer la interacción entre estudiantes y reducir las distracciones.

 

Otra medida consiste en fijar una edad mínima para abrir cuentas en redes sociales y mejorar los mecanismos de verificación, con el propósito de limitar el acceso temprano sin comprometer la privacidad de los usuarios.

 

También se plantea regular las funciones de diseño de las plataformas, especialmente aquellas que facilitan el contacto con desconocidos, incentivan el consumo continuo o dificultan que los menores se desconecten.

 

Para Sheinbaum, el desafío consiste en aprovechar los beneficios de la tecnología sin ignorar los riesgos que representa para la salud emocional, la convivencia y el aprendizaje.

 

La construcción de acuerdos entre maestros, madres y padres de familia, estudiantes y autoridades será fundamental para definir límites que permitan una relación más segura y equilibrada con el entorno digital.


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