Sheinbaum equilibra soberanía y diálogo con Estados Unidos
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Soberanía y diplomacia, la ruta de México ante EU
CABEZA
Sheinbaum equilibra soberanía y diálogo con Estados Unidos
SUMARIO
La presidenta marca límites a la injerencia extranjera, pero preserva cooperación bilateral mientras revisa señalamientos expuestos por López Obrador
La presidenta Claudia Sheinbaum estableció una posición de equilibrio frente a los señalamientos contenidos en el nuevo libro Pueblo, de Andrés Manuel López Obrador: defender la soberanía mexicana y señalar cualquier acto de injerencia, sin romper los canales diplomáticos con Estados Unidos.
Durante su conferencia matutina de este miércoles, la mandataria subrayó que su responsabilidad institucional exige mantener una relación diplomática con Washington y, al mismo tiempo, expresar públicamente los desacuerdos cuando existan acciones que considere contrarias a los intereses nacionales.
“Yo tengo que ser muy cuidadosa, porque soy presidenta y tengo que cuidar la relación con Estados Unidos y con todo el mundo”, afirmó al ser cuestionada sobre las críticas de López Obrador al embajador estadounidense Ronald Johnson y a diversas agencias de ese país.
La definición presidencial coloca la soberanía nacional como principio, pero plantea que su defensa debe desarrollarse mediante los canales institucionales y diplomáticos. “Cuando sé que hay injerencia lo digo sin problema, pero también tengo que buscar mantener una relación diplomática”, señaló Sheinbaum.
El caso de “El Mayo”, en el centro del debate
Uno de los puntos más delicados abordados por la presidenta fue la captura de Ismael “El Mayo” Zambada en julio de 2024, operación que López Obrador analiza ampliamente en Pueblo.
El expresidente sostiene que autoridades estadounidenses y agencias de ese país habrían establecido acuerdos clandestinos con integrantes de la familia de Joaquín “El Chapo” Guzmán para trasladar a Zambada a territorio estadounidense. En el libro, López Obrador califica la operación como extrajudicial e intervencionista y la vincula con el posterior incremento de la violencia en Sinaloa.
Ante estos planteamientos, Sheinbaum evitó presentar como hechos comprobados todas las conclusiones de su antecesor. Explicó que deben distinguirse los acontecimientos documentados de las interpretaciones que se construyen a partir de ellos.
La presidenta consideró “muy interesante” la interpretación de López Obrador sobre la captura de Zambada, pero remarcó que corresponde a su gobierno mantener una postura institucional frente a Estados Unidos.
En ese contexto, recordó que existen hechos que el gobierno mexicano ha señalado previamente, entre ellos la recepción en territorio estadounidense de familiares de Joaquín Guzmán Loera. Para Sheinbaum, estos acontecimientos forman parte de un contexto que puede ser analizado, aunque su existencia no implica necesariamente validar todas las conclusiones derivadas de ellos.
Soberanía y diplomacia, la ruta de México ante EU
Reclamos de pruebas ante acusaciones contra México
La mandataria también hizo referencia a los señalamientos estadounidenses relacionados con funcionarios y políticos mexicanos, particularmente en Sinaloa.
Sheinbaum sostuvo que, cuando Washington realiza acusaciones contra autoridades mexicanas, el gobierno federal ha solicitado que se presenten pruebas que permitan sustentar dichas imputaciones.
Al mismo tiempo, destacó que existen antecedentes documentales sobre actuaciones de agencias estadounidenses en México. Como ejemplo, mencionó archivos relacionados con el movimiento estudiantil de 1968, incluidos documentos de una agencia estadounidense que, según señaló, permiten conocer su participación en acontecimientos de aquella época.
La referencia forma parte de un argumento más amplio de la presidenta: la discusión sobre la relación bilateral no se limita al combate contemporáneo al narcotráfico, sino que también involucra antecedentes históricos de participación de instituciones estadounidenses en asuntos mexicanos.
Ronald Johnson, otro punto de tensión
El libro Pueblo también cuestiona el desempeño del embajador estadounidense Ronald Johnson, a quien López Obrador acusa de asumir posiciones que, desde su perspectiva, rebasan las funciones diplomáticas.
Sheinbaum, sin adoptar todas las expresiones del expresidente, ha insistido en que cualquier cooperación internacional debe respetar las instituciones y el marco jurídico mexicano.
La postura adquiere relevancia luego de recientes diferencias alrededor de proyectos de cooperación en materia de seguridad, donde la presidenta ha reclamado que los mecanismos de colaboración con autoridades estadounidenses deben contar con los procedimientos y autorizaciones correspondientes.
Así, frente a las críticas de López Obrador y a los episodios de tensión con Washington, Sheinbaum plantea una ruta basada en dos principios que considera compatibles: cooperación internacional y respeto irrestricto a la soberanía mexicana.
La diferencia está en el papel que corresponde a cada uno. Mientras el expresidente puede exponer en su libro sus interpretaciones sobre episodios de la relación bilateral, la presidenta debe administrar cotidianamente la relación diplomática, mantener la comunicación con Estados Unidos y defender los intereses nacionales desde las responsabilidades del Estado.
En ese equilibrio se concentra la posición presidencial: México puede señalar cualquier acto que considere injerencista, pero sin cerrar las puertas al diálogo ni comprometer la relación diplomática con su principal socio internacional.
