Periodistas golpistas
El gobierno se encargó de dictar las directrices del periodismo mexicano desde hace más de un siglo.
Así se crearon los clubes de periodistas, las asociaciones de reporteros, las agrupaciones de comunicadores, por lo general financiadas por empresarios de derecha y gobiernos corruptos que utilizaban al periodismo para legitimarse, muy lejos de la democracia y la honestidad.
Es muy interesante conocer la profesión de los fundadores de las asociaciones de periodistas en México. Desde bailarinas exóticas hasta danzoneros.
El periodismo convencional, sus personajes y práctica no tienen en sus filas a verdaderos periodistas ni en lo académico ni en lo profesional.
Es decir, la complicidad siempre rebasó la ética, y los intereses mermaron la verdad en todos y cada uno de los medios en México. Todo esto en el periodo neoliberal. Una vez que la libertad de expresión dejó de ser un mito, en 2018, surgieron las asociaciones que intentan responsabilizar al gobierno de coartarla, dejando atrás décadas de silencio al respecto.
La violación a los derechos humanos, los obstáculos a la libertad de expresión y los ataques a la libertad religiosa, son tres de los puentes más sólidos para dar paso a un golpe de Estado, sobre todo en América Latina.
De ahí que la derecha ponga especial atención en la violación de estos derechos que son los más susceptibles de despertar la perversidad de los foros internacionales para posteriormente, caminar sobre los escombros de la democracia que intentan destruir desde la Casa Blanca, para volver a los viejos tiempos de los subsidios a los medios, la injerencia de los sacerdotes y la impunidad de los funcionarios públicos corruptos.
La detención del supuesto reportero en Coatzacoalcos, es un intento más por debilitar el respeto a esas libertades, donde medios, grupos de periodistas y algunos despistados pelean por desgastar cada día más a la gobernadora de Veracruz.
La marcha nacional a la que convocó la marea rosa para el domingo 4 de enero, simplemente fue anulada porque nadie asistió. No llegó absolutamente nadie.
La intención es muy clara impedir su camino hacia cualquier otro nivel político. Es la única que puede llegar a 2030, compartiendo la lucha de López Obrador y Claudia Sheinbaum desde el inicio del movimiento.
No luchan por impedir el acceso de Morena hacia la Presidencia sino a alguien que continúe con precisión, lealtad y fidelidad la esencia de la Cuarta transformación.
La derecha requiere flexibilidad, una aplicación laxa de la 4T, que le permita tener injerencia en el gobierno, alguien con quién negociar, aunque sea un subsidio mínimo.
El pleito se centra por cuestiones de semántica, colocando la palabra terrorismo en el centro de lo que llaman represión, hemos visto cómo algunos de esos reporteros que se volvieron periodistas con el sólo hecho de integrase a las marchas de protesta por la liberación de comunicadores y son eternos abajofirmantes de las cartas que exigen libertad de expresión, se basan en una declaración y no en una acusación. Se les olvida que los fallos los otorga el poder Judicial, y no la fiscalía.
Los ingenuos no toman en cuenta el momento en el que se desarrolla dicha detención del reportero de Coatzacoalcos, Rafael León, quien, por ese simple hecho, cuenta con la cobertura vitalicia de Ciro Gómez Leyva, ni la perorata que discute una cuestión de definición de la palabra terrorismo, que pronunció por primera vez la flamante fiscal general de Veracruz, Lisbeth Aurelia Jiménez. Pero que dicen algunos aprendices de reportero que la culpa imputar ese delito es de la gobernadora, así como se responsabilizaba a López Obrador de las omisiones de Gertz Manero.
Vemos que algunos de los que se dicen estar del lado de la 4T, son los verdaderos patrocinadores de su vulnerabilidad.
Buscar añejos esquemas del periodismo esquemático como la objetividad en tiempo de guerra acusa parcialidad y simulación, pero también es un arma letal para la democracia y la congruencia del movimiento de la 4T.