Papa llama a jóvenes a transformar comunidades con amor
León XIV impulsa la fe juvenil, el servicio a los pobres y la unidad cultural, además de reconocer el matrimonio como vocación misionera
De la fe a la acción social: el llamado del Papa a las nuevas generaciones
Ciudad del Vaticano.— El papa León XIV llamó a los jóvenes católicos a convertir su fe en una fuerza de transformación social, mediante el servicio a las personas más vulnerables, el acompañamiento a las familias y la construcción de comunidades unidas, más allá de las diferencias culturales, sociales y lingüísticas.
Durante una audiencia celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano, el pontífice recibió a participantes de la Conferencia Internacional de la Juventud de Jesús, movimiento que reúne a jóvenes de distintas partes del mundo y que busca fortalecer su vida espiritual y su compromiso misionero.
Ante obispos, sacerdotes, personas consagradas y delegados juveniles, León XIV destacó que la oración y el servicio a los pobres deben permanecer como pilares de la organización. Subrayó que la vivencia de la fe adquiere una dimensión concreta cuando se traduce en acciones solidarias y en el acompañamiento a quienes enfrentan condiciones de vulnerabilidad.
El encuentro también representó una oportunidad para revisar el futuro del movimiento, a cuatro décadas de su fundación. El Papa recordó que sus integrantes realizaron durante tres años una consulta sinodal para reflexionar sobre sus desafíos y definir nuevas formas de participación y crecimiento.
El objetivo, señaló, es que las conclusiones de ese proceso se conviertan en un nuevo impulso para la organización y permitan aprovechar los talentos de sus integrantes en beneficio de la comunidad.
La juventud, protagonista de una fe comprometida
León XIV recordó que la Juventud de Jesús surgió en el estado de Kerala, India, como parte de la Renovación Carismática, a partir de iniciativas espontáneas de jóvenes que buscaban compartir su experiencia espiritual y organizar actividades para fortalecer su compromiso religioso.
Desde hace una década, la Santa Sede reconoce al movimiento como una asociación internacional de fieles, condición que, de acuerdo con el pontífice, implica una etapa de madurez y nuevas responsabilidades.
En ese contexto, los exhortó a conservar su entusiasmo y ampliar su presencia en otros países, sin perder de vista el propósito de acercar a más personas al mensaje cristiano.
El Papa también destacó el testimonio de jóvenes que han encontrado en su fe una fuente de fortaleza ante circunstancias difíciles. Entre ellos mencionó a Ajna George, quien afrontó una enfermedad sostenida por su devoción a Jesús presente en la Eucaristía.
La referencia puso de relieve la dimensión personal y comunitaria de la espiritualidad, especialmente ante situaciones de sufrimiento que requieren acompañamiento, esperanza y solidaridad.
Familias y matrimonio, parte de la misión comunitaria
Otro de los ejes del mensaje fue la importancia de acompañar a las familias y reconocer el matrimonio como una vocación dentro de la Iglesia. León XIV sostuvo que, además del sacerdocio y la vida consagrada, la formación de una familia puede representar un camino de santidad y compromiso con los demás.
Señaló que algunos integrantes del movimiento se han casado, han formado hogares y participan como familias misioneras en la difusión del Evangelio, en colaboración con sacerdotes y otros representantes de la Iglesia.
El pontífice pidió impulsar esta dimensión de la vida religiosa y respaldar a quienes deciden construir una familia, al considerar que la vocación matrimonial también puede contribuir al desarrollo de comunidades solidarias.
Asimismo, alentó a los jóvenes a expresar sus convicciones religiosas incluso en regiones donde los cristianos representan una minoría. En esos contextos, destacó la importancia de dar testimonio mediante la conducta cotidiana, el compromiso comunitario y el respeto a los demás.
Unidad frente a las diferencias culturales
Al concluir la audiencia, León XIV insistió en que la diversidad de procedencias, idiomas y realidades sociales no debe convertirse en un obstáculo para la convivencia dentro del movimiento.
Por ello, pidió a sus integrantes preservar la unidad y mantener la oración y el servicio a los pobres como elementos centrales de su identidad.
También dirigió un mensaje a obispos y sacerdotes para que acompañen a los jóvenes con una visión de futuro y una actitud paternal, procurando superar las dificultades que puedan surgir por diferencias rituales y colocando en primer lugar el bienestar espiritual de las nuevas generaciones.
El llamado del Papa plantea el desafío de construir espacios eclesiales en los que los jóvenes puedan participar activamente, desarrollar sus capacidades y contribuir a sus comunidades sin que las diferencias culturales o sociales limiten su integración.
Finalmente, encomendó al movimiento a la intercesión de la Virgen María y de san Francisco de Asís, y expresó su deseo de que la Juventud de Jesús conserve su energía, fortalezca su compromiso con los más necesitados y facilite que más personas encuentren en la fe un camino de crecimiento espiritual y servicio a los demás.
