PAN, entre el golpe y la muerte

Mutación de propuesta a insulto

La desbandada del PAN continúa y no hay triunfo o derrota que los detenga, al contrario, apreciera que saltan del barco antes de hundirse con él. A dos meses de que el INE realice el padrón de militancia de los partidos políticos, el PAN está en riesgo de desaparecer en el escenario político luego de 87 años de ser una oposición apátrida, y proempresarial, la falta de militantes puede cancelar toda posibilidad de sobrevivencia.

Los avisos son contundentes. Perder el registro a nivel estatal en Coahuila, no es cualquier cosa. El norte del país había sido bastión del PAN, pero nunca ha gobernado la entidad un partido diferente al PRI, siempre fue la segunda fuerza electoral, ahora ocupa el cuarto lugar y ya no tiene derecho a diputados locales ni a presupuesto.

Coahuila prescindirá del PAN, Movimiento Ciudadano y Verde, la lucha electoral tendrá que ser bipartidista, si es que no hay cambios en el conteo de impugnación ante más del 20 por ciento de la votación cuestionada. Esto no alivia la situación del PAN, cuyos líderes están conscientes de la decadencia, de ahí su desesperación. Como no pueden figurar por la lucidez política de sus cuadros ni por la creatividad de sus proyectos han elegido la judaización de la política como única arma para hacerse notar ante los medios.

Recientemente el líder nacional anunció que denunciaría ante la Corte Internacional de La Haya al expresidente López Obrador, por delitos no cometidos y que no son atribución de dicho tribunal.

Acción Nacional no tiene militantes, cuadros, líderes, ni candidatos. Los pocos que figuran en los medios tienen una trayectoria que los noquearían en el primer debate y sólo arrastrarían sus delitos.

Por ejemplo, Maru Campos, antes del incidente de los espías de la CIA, había incurrido en numerosas violaciones a las leyes que le impedirían realizar una campaña poco seria por la presidencia república que sería muy similar a la comedia desarrollada por su correligionaria Xóchitl Gálvez.

Acude el PAN sistemáticamente a diferentes tribunales, dentro y fuera de México, para que los reflectores de los medios les den respiración artificial. Ahora es el senador, exlíder nacional de ese partido, Marko Cortés, quien anuncia que su partido, que no representa ni al 6 por ciento de la población, exige que se lleve a cabo la revisión formal del T-MEC, fijada para el próximo 1 de julio de 2026, es decir dentro de 15 días, y que se obligue a las secretarías de Economía y de Relaciones Exteriores, a entregar un informe detallado sobre el estado real de las mesas de trabajo con los socios norteamericanos.

Otra de las ocurrencias que utiliza el PAN para que los mexicanos vean que siguen vivo, fue la exigencia de la presidenta del PAN en la Ciudad de México, Luisa Gutiérrez, y el diputado federal Federico Döring, para que se realice una auditoría a las obras realizadas por el gobierno local.

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El mes patrio

El PAN ha sido una oposición que se niega a participar en mesas de trabajo, desecha los debates y se mantiene al margen de todo tipo de actividades que tengan que ver con su responsabilidades, y una vez que están firmados los acuerdos, exige que sean revisados, para decir que no están de acuerdo y, lo que es peor, que no se les tomó en cuenta.

Son muchas las oportunidades que el PAN ha perdido para ser parte del gobierno, tal y como lo mandatan las leyes, prefiere decir que están mal, luego de cruzarse de brazos durante discusiones donde su poca capacidad política y limitados estudios les harían quedar en ridículo como ha sucedido en muchas ocasiones donde han mostrado total desconocimiento sobre diferentes temas.

Lo más probable es que el PAN pierda su registro en unos meses, desde luego argumentará persecución política y revanchismo; lo cierto es que su esquema añejo de vivir del presupuesto, ya no encaja en la realidad del presente.


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