Nunca Nobel a Trump
El 28 de febrero de 2026 las Fuerzas Armadas de Estados Unidos atacaron la escuela primaria Shajare Tayebé situada en la ciudad de Minab, al sur de Irán, con dos misiles Tomahawk, que impactaron con unos minutos de intervalo.
La escuela fue atacada durante en horas hábiles lo cual confirmaron los medios. En la acción premeditada por Estados Unidos 168 personas murieron en el ataque, la gran mayoría niñas de entre siete y doce años.
Este simple antecedente es motivo suficiente para nunca otorgarle el premio nobel de la paz a Trump sino para juzgarlo en la misma Corte Internacional que él no sólo descalifica sino que intenta castigar.
Trump ha perdido la conexión con la realidad, embriagado de poder, tanto que se convirtió en un delirio personificado. Asesino serial, pedófilo, homicida, acusado de crímenes de lesa humanidad, no puede siquiera aspirar a estar vivo; sin embargo, se molestó ante la negativa de recibir un premio internacional que no merece.
Nadie sabe cuál es la democracia que quiere imponer Estados Unidos a otros países, porque, en términos reales, carece de estructura definida su forma de elección. Los partidos no son entes regulados por el Estado, sino asociaciones privadas, protegidas por la Primera Enmienda, que garantiza la libertad de asociación, un club simplemente. No hay soberanía en sus dependencias son sucursales de un grupo de empresas que defienden sus intereses, desde hace un par de siglos.
Un territorio que todavía no se consolida como país no puede tener sistema político ni estructura electoral.
Todo tipo de decisión de gobierno no sólo es unilateral sino autoritaria. Esto no puede ser motivo de ningún premio sino de un castigo mundial. El régimen de Estados Unidos estorba para la paz mundial.
Ante la negativa del premio, Washington anunció restricciones financieras y comerciales contra el tribunal internacional tras otorgarse el premio a la jurista sudafricana y exjueza Navi Pillay, de 85 años, y fuera alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y jueza de la CPI.
Todos los jueces de la corte fueron sancionados, incluso sus cuentas congeladas por orden del bárbaro del norte que creyó merecer el premio Nobel de la paz.
El secretario de Estado, Marco Rubio, acusó al tribunal de actuar contra los intereses estadounidenses. “Prohibiremos las transacciones con este tribunal”. Las medidas afectan el acceso del tribunal a servicios financieros, tecnología y operaciones en dólares.
La administración Trump justifica la decisión por las investigaciones y órdenes de arresto emitidas por la CPI contra funcionarios israelíes, incluido el genocida Benjamin Netanyahu.
Estados Unidos no es integrante del tribunal, creado en 2002 para investigar y juzgar crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio.
La Corte Penal Internacional calificó la posición de la Casa Blanca de ataque al Estado de derecho y al orden jurídico internacional, su fiscal adjunta, Nazhat Shameem Khan, sostuvo que las medidas buscan debilitar la labor de una institución judicial independiente. Aseguró que las investigaciones y los procesos continuarán, la presidenta del tribunal, Tomoko Akane, también pidió respaldo a los países miembros, que deben levantar la voz contra el caprichoso mandatario que pasa de lo pueril a la sicopatía.
Prestar oídos a las declaraciones de Trump, que es la única actividad que realiza desde la oficina Oval de la Casa Blanca, es como un juego de nunca acabar. Sólo son insumos para preguntas de reporteros con consigna en las mañaneras, que al carecer de vocación y sentido de la investigación optan por repetir necedades ajenas que es lo más fácil de su vergonzoso oficio.
