Morena, sin filtro

Uniformar criterios

Cuando se habla de la necesidad de postular candidatos íntegros, que nada ilícito pueda adjudicarse a los concursantes por cargos de elección popular, los filtros de Morena parecen no existir.

Si los hubiera no debieron permitir la competencia de Beatriz Mojica y Verónica Díaz. Cada una tiene antecedentes que le impedirían su integración a las encuestas internas.

Pueden ser muy simpáticas y tener arraigo pero eso no es suficiente. Ganar elecciones no es la única consolidación de un partido, aunque sea el principal objetivo.

Bastaba conocer la trayectoria de ambas, que pueden ser aceptadas por la militancia, para descalificarlas, con bases suficientes para rechazarlas. Nadie hubiera cuestionado la existencia de un filtro estricto que se soporte con evidencias para no permitir su integración a la consulta.

En estos momentos morena es un partido que rebasa el nombre de los candidatos en buena parte de la población, además afortunadamente se cuenta con una presidenta capaz de cohesionar alrededor de un proyecto a la mayoría de la población, de tal manera que ganar con facilidad es una irresponsabilidad política.

Si la rigidez de negarse a repetir las encuestas donde coincide el porcentaje de error con la diferencia de votos, como sucedió en Zacatecas, entonces debe fortalecerse el sistema de filtración de los posibles participantes. Tienen todos los datos a su alcance como para tener una clasificación previa, de tal manera que no vulnere los derechos de los aspirantes en su libertad de competir por un cargo de elección popular. Pero si tanto es el deseo de personas como Beatriz Mojica y Verónica Díaz, lo debieron hacer a través de otro partido.

Porque ambas se han mostrado más cercanas al PRI que a Morena, pero como saben que el partido rebasa cualquier candidato por deteriorado que esté en su honestidad, se sumaron a donde no debieron ser aceptadas.

Anteriormente, el presidente de la República designaba los candidatos a las gubernaturas. La Presidenta dejó en libertad al partido para elegir, de la manera más democrática posible, a los coordinadores, que, posteriormente, podrían convertirse en candidatos, no necesariamente serían candidatos, según advertencia de Ariadna Montiel.

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Cuando la desbandada de obradoristas abandonó el PRD, Mojica no sólo se quedó como parte de la podredumbre que llevó al suicidio electoral a ese partido, sino que arremetió contra quienes habían salido tratando de justificar su cercanía con el actual dirigente de Somos, Guadalupe Acosta Naranjo, cuya honradez está en tela de juicio desde esos años.

Fueron demasiado flexibles a la hora de abrir las puertas a los concursantes y muy rígidos a la hora de reconocer los errores, de tal suerte que esta cercanía con las prácticas del PRI también alcanza las actividades de la actual cúpula morenista.

La apertura a cualquier militante hace muy poroso el ingreso a las candidaturas y sugiere una alfombra roja para políticos de otros partidos que, sin convicción ni trayectoria de izquierda auténtica, puedan llegar a ocupar el lugar de militantes con arraigo y antecedentes incluso heroicos.

La cúpula partidista le debe a los morenistas y al pueblo de México un amplia explicación sobre las dudas y críticas, no sólo declaraciones, que muestran más berrinche que convocatoria a la unidad.


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