Miles de mujeres se manifiestan en contra de la violencia por todo el país. Nuevamente Trump amenaza a México y califica el idioma Español como “maldito”.
Apenas el domingo pasado miles de mujeres de todas las edades, condiciones socioeconómicas, de todos los colores y complexiones, marcharon en muchas ciudades del norte y sur, así como oriente y poniente del país, para expresarse en contra de una sociedad y de los tres niveles de gobierno -–municipales, estatales y federal– que han permitido un crecimiento inaudito y exponencial de la violencia en su contra. Demandaron un ¡Ya Basta! en contra de asesinatos o feminicidios, secuestros y desapariciones, violencia en redes sociales, en las escuelas, en el trabajo, en el transporte público, pero, sobre todo, en las calles.
Y aunque nadie escapa de los niveles de violencia en el país y a pesar de los esfuerzos logrados por las policías federales y las fuerzas armadas, concretamente el Ejército y la Marina, el daño ocasionado en el gobierno de López Obrador con su permisible autorización para que los grupos criminales asentados en distintas zonas del país hicieran lo que les pegaba la gana, han dejado secuelas muy tristes y lamentables que han enlutado a cientos o quizás miles de familias.
Las agresiones a las madres buscadoras por parte de grupos criminales, los secuestros, violaciones y asesinatos a mujeres estudiantes como ha estado ocurriendo recientemente y la ineficacia de las fiscalías para frenar a los criminales seriales, han puesto en evidencia, que el Estado debe hacer mucho más para frenar este tipo de violencia de género y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) debe de recuperar su papel ante una sociedad ávida de justicia.
De nada sirve que se estén aprobando nuevas reformas a las leyes para incorporar nuevos tipos de delitos de violencia en contra de las mujeres, como es atacarlas con ácido, o que sus exparejas, ya sean amantes o exnovios suban a las redes sociales fotografías y videos comprometedores, si no hay un compromiso social para frenar de facto este tipo de conductas. Si bien es necesario aplicar sanciones penales ejemplares, las fiscalías y los poderes judiciales, comunes y federal, deben dar un trato digno a las mujeres víctimas de violencia y acoso, pero también evitar que esto se convierta en un instrumento de venganza por situaciones personales entre parejas.
Por otra parte, el nefasto presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reunió a líderes latinoamericanos en Florida para anunciar la creación de una nueva coalición contra los cárteles de la droga, en un evento denominado “Escudo de las Américas”, donde dijo que no iba aprender el “el maldito” idioma Español.
Ante al menos una docena de líderes de América Central, del Sur y el Caribe, incluyendo a Javier Milei, presidente de Argentina; José Antonio Kast, presidente electo de Chile; Nayib Bukele, presidente de El Salvador; Nasry Asfura, presidente de Honduras y Daniel Noboa, presidente de Ecuador, en otros, y con la ausencia de Brasil, Colombia y México, Trump calificó la estrategia como una campaña agresiva para frenar a los cárteles, y justificó la intervención estadounidense al afirmar que algunos gobiernos de la región habían permitido que bandas transnacionales controlaran grandes extensiones de territorio.
Durante su discurso, también mencionó otros temas internacionales, como la guerra con Irán y el papel de China en América Latina. La iniciativa busca coordinar esfuerzos de seguridad entre Estados Unidos y los países de la región, con énfasis en México y América Central, donde los grupos criminales tienen fuerte presencia.
El objetivo principal es coordinar operaciones contra los cárteles de la droga, compartir inteligencia y, en palabras de Trump, “no permitir que grandes extensiones de territorio queden bajo control de bandas transnacionales”.
Durante su discurso, Trump abordó varias estrategias y temas adicionales. Señaló a México como epicentro de actividad de cárteles. Sugirió que Estados Unidos podría utilizar misiles contra líderes criminales si los países aliados lo solicitaran y mencionó un posible cambio político en Cuba, indicando que funcionarios cubanos estarían negociando con él y el secretario de Estado, Marco Rubio.
Habló de la necesidad de frenar “influencias extranjeras hostiles” en la región, en referencia indirecta a la creciente presencia de China.
Varios de los líderes presentes comparten la visión de Trump de aplicar políticas de seguridad duras y priorizar medidas represivas frente al crimen. Por ejemplo, Nayib Bukele ha implementado una fuerte represión de pandillas en El Salvador, incluyendo cárceles masivas y deportaciones de ciudadanos extranjeros sin juicio.
Daniel Noboa ha anunciado operaciones conjuntas con Estados Unidos contra el tráfico de drogas y Nasry Asfura ganó unas elecciones controvertidas con el apoyo de Trump. La participación de estos líderes refleja un giro hacia la derecha en partes de América Latina, especialmente en temas de seguridad, migración y colaboración con empresas privadas frente al Estado.
Aunque Trump no mencionó directamente a China durante la cumbre, alertó sobre la presencia de “influencias extranjeras hostiles” en el hemisferio occidental, incluyendo el Canal de Panamá, una vía clave para el comercio internacional. De acuerdo a datos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, el comercio entre China y América Latina alcanzó 518 mil millones de dólares en 2024, y Pekín ha otorgado más de 120 mil millones de dólares en préstamos a gobiernos de la región. Esto incluye puertos y proyectos estratégicos en países como Argentina, Perú y Venezuela.
Como se ve, la cosa no está nada bien.
