La Rosca como política social: Clara Brugada enlaza tradición, derechos de la infancia y economía local en el Día de Reyes
Más allá de la celebración simbólica del Día de Reyes, el Gobierno de la Ciudad de México convirtió el reparto de la Mega Rosca en un mensaje político y social: la infancia como eje de gobierno y la tradición popular como motor de comunidad y economía local. Desde el Ángel de la Independencia, la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, encabezó un acto que combinó convivencia familiar, apoyo a niñas y niños y respaldo a pequeñas y medianas empresas del sector panificador.
La magnitud del evento fue inédita: una Rosca de Reyes de 400 metros lineales, dividida en 600 tramos de tres kilos cada uno, que en conjunto sumaron mil 800 kilos de pan, suficientes para 28 mil personas. A la par, se distribuyeron 28 mil lechitas de 180 mililitros y 15 mil juguetes, en una jornada que buscó garantizar que ninguna infancia capitalina quedara al margen de la celebración.
Durante su mensaje, Brugada Molina subrayó que el festejo no es un hecho aislado, sino parte de una visión integral de gobierno. Afirmó que su administración trabaja de manera permanente para asegurar el bienestar, la seguridad y el desarrollo pleno de las niñas y los niños, colocando a la educación inicial y al cuidado infantil como derechos fundamentales desde el nacimiento.
“Hay un gran acuerdo con los Reyes Magos para las infancias de la Ciudad de México; todo a favor de las niñas y los niños”, expresó la mandataria, al detallar tres compromisos centrales: fortalecer la educación inicial con espacios de cuidado y desarrollo; promover una crianza basada en el respeto y la ternura desde la familia, la escuela y la comunidad; y garantizar una infancia feliz, alegre y libre de violencia en la capital.
En ese sentido, explicó que los centros de cuidado y desarrollo infantil se consolidarán como un nuevo sistema educativo, concebido no solo como apoyo a las familias trabajadoras, sino como un derecho universal para todas las niñas y niños de la ciudad.
La celebración tuvo un alcance territorial amplio. De manera simultánea al acto central en el Ángel de la Independencia y en la alcaldía Cuauhtémoc, la partida y reparto de rosca se realizó en las 15 alcaldías restantes, reforzando la idea de una ciudad que celebra de forma incluyente y descentralizada.
Desde la perspectiva social, la secretaria de Bienestar e Igualdad Social, Araceli Damián González, destacó que la meta del gobierno capitalino es que las infancias tengan garantizadas condiciones de bienestar que les permitan concentrarse en lo esencial: jugar, aprender y desarrollarse plenamente. “Que vivan felices, que logren sus sueños y desarrollen todas sus capacidades”, señaló.
El evento también tuvo un componente económico y cultural relevante. El presidente de la Cámara Nacional de la Industria Panificadora, Pastelera y Similares (Canainpa), Julián Castañeda Fernández, recordó que en este 2026 se cumplen 27 años de la Mega Rosca de la Ciudad de México, una tradición sostenida gracias al respaldo de gobiernos progresistas a las pequeñas y medianas empresas del sector.
Castañeda anunció además los preparativos para el Festival del Pan Dulce Mexicano, previsto para abril, y resaltó la riqueza cultural del pan nacional. “México tiene el mejor pan dulce del mundo, con 2 mil 400 variedades. El pan de muerto y la rosca de Reyes son dos grandes panes ceremoniales que forman parte de nuestra identidad”, afirmó.
Desde la iniciativa privada, Roberto Campa, vicepresidente de Asuntos Corporativos en FEMSA, informó que la empresa contribuyó con 25 mil lechitas para acompañar la rosca, mientras que Javier Juan Pérez, presidente de La Esperanza, compartió la historia de la panadería nacida en Iztapalapa, en la colonia Escuadrón 201, como ejemplo del arraigo barrial y del crecimiento de negocios locales vinculados a estas tradiciones.
Así, la Gran Celebración de Día de Reyes se consolidó no solo como un festejo multitudinario, sino como una declaración de principios: una ciudad que cuida a sus infancias, fortalece su tejido social y defiende sus tradiciones como parte de una política pública con sentido humano.
