Jesuitas se despiden de Tabasco tras más de 50 años de misión pastoral
El lunes 17 de agosto de 2026 quedará como una fecha significativa para la historia religiosa de Tabasco, luego de que la Compañía de Jesús concluyera su presencia pastoral en la entidad, tras más de cinco décadas de acompañamiento a comunidades y familias tabasqueñas.
La despedida comenzó a las 8:00 de la mañana en la Iglesia Catedral del Señor de Tabasco, donde se celebró una Eucaristía presidida por monseñor Gerardo de Jesús Rojas López, obispo de Tabasco, y concelebrada por sacerdotes de la diócesis y miembros de la Compañía de Jesús.
Una misión que dejó huella
Durante la celebración, monseñor Rojas López destacó la labor realizada por los jesuitas a lo largo de los años, particularmente en comunidades donde llevaron su trabajo evangelizador y acompañamiento pastoral.

El obispo expresó su gratitud a Dios por la llegada de la orden religiosa a Tabasco, al recordar que su presencia respondió en su momento a la necesidad de contar con evangelizadores y misioneros comprometidos con las comunidades.
“Le damos gracias al Padre Celestial porque hace muchos años le pareció bien enviar a la Compañía de Jesús a nuestra diócesis”, señaló durante la homilía.
Añadió que, durante todos estos años, los jesuitas trabajaron de manera incansable junto a la población tabasqueña, anunciando el Evangelio y construyendo comunidad en los distintos lugares donde desarrollaron su misión.

Más de medio siglo caminando con los tabasqueños
Por su parte, el superior provincial de la Compañía de Jesús, presbítero Enrique Javier Mireles Bueno, reconoció que decir adiós después de más de 50 años de presencia en Tabasco no resulta sencillo.
En su mensaje de agradecimiento, recordó que religiosas y jesuitas llegaron jóvenes a la entidad con proyectos e ideas, pero que las propias comunidades terminaron enseñándoles importantes lecciones de vida, fe y solidaridad.
“Vinimos aquí a evangelizar y fuimos evangelizados por ustedes”, expresó.
El religioso evocó los años de acompañamiento en comunidades rurales, entre caminos de tierra y asfalto, milpas, platanares y cultivos de cacao, además de las experiencias compartidas durante temporadas de lluvias, inundaciones y distintos momentos de lucha social.

Una despedida con gratitud y esperanza
Mireles Bueno resaltó que el camino recorrido estuvo marcado por la convivencia y el trabajo comunitario, así como por una experiencia de sinodalidad, entendida como caminar juntos y reconocerse como hermanos.
“Nos vamos, pero nuestro corazón se queda sembrado aquí, como una semilla en esta buena tierra tabasqueña”, manifestó.
Antes de concluir su mensaje, pidió a las comunidades continuar fortaleciendo los lazos de solidaridad, cuidar a los enfermos, trabajar por las personas en situación de pobreza y servir a quienes más lo necesitan.

También exhortó a los fieles a continuar construyendo comunidad junto a los nuevos pastores que asumirán la tarea pastoral en Tabasco.
Finalmente, encomendó a la Virgen de Guadalupe la protección de las comunidades tabasqueñas y agradeció al obispo y a la diócesis por los años de acompañamiento, reiterando que la Compañía de Jesús continuará unida a Tabasco mediante la oración.
La despedida marca así el cierre de una etapa de más de cinco décadas de presencia jesuita en tierras tabasqueñas, pero también deja el legado de una misión construida junto a las comunidades y profundamente vinculada con la historia religiosa y social del estado.
