IPN: La toma del Canal 11 y la impunidad
agosto 11, 2026
Cómo un reducido grupo presuntamente estudiantil se apoderó de un canal de televisión que sirve a millones, mientras las autoridades, hasta ahora, han tolerado la impunidad. El Instituto Politécnico Nacional presume ser una institución de rigor, ciencia y disciplina. Pero cuando estalló el conflicto por la toma de Canal 11, el rigor se evaporó, la ciencia quedó en pausa y la disciplina se convirtió en un largo silencio administrativo que desesperó a medio mundo. El canal público del Politécnico —uno de los pocos espacios televisivos con verdadera vocación educativa— quedó paralizado mientras las autoridades parecían debatirse entre intervenir, esperar o fingir que el problema se resolvería solo.
La toma de Canal 11 no fue un episodio menor. Fue un síntoma. Un recordatorio de que el IPN arrastra tensiones internas, estudiantes que exigen transparencia, trabajadores que denuncian prácticas opacas, directivos que responden tibiamente y una estructura que se mueve con la velocidad de un archivo en papel manila.
Lo más llamativo no fue la protesta, sino la tardanza institucional. En un país donde los conflictos universitarios pueden escalar rápido, el IPN optó por la estrategia del “ya veremos”, como si la televisión pública pudiera detenerse sin consecuencias. La falta de una intervención clara, contundente y oportuna dejó la impresión de que el Politécnico no sabe —o no quiere— manejar sus propias crisis.
La pregunta incómoda es: ¿por qué tardaron tanto? ¿Miedo a la confrontación? ¿Cálculo político? ¿O simplemente esa vieja costumbre gubernamental de esperar a que el tiempo haga el trabajo que deberían hacer ellas?
Mientras tanto, Canal 11 quedó atrapado en un limbo. Un canal que durante décadas ha sido referente de contenido cultural y científico terminó convertido en escenario de un conflicto que exhibe la fragilidad de su gobernanza. Y el IPN, en lugar de actuar con la firmeza que presume en sus discursos, se movió como si estuviera calibrando un microscopio viejo: lento, torpe, incierto.
El Politécnico necesita una revisión profunda de cómo gestiona sus espacios, cómo atiende las demandas de su comunidad y cómo responde cuando la crisis toca la puerta. Porque si una institución educativa no puede resolver un conflicto interno con claridad y rapidez, ¿cómo espera formar profesionales capaces de enfrentar problemas complejos?