El laboratorio de la soberanía
Sorprende la naturalidad con la que los medios convencionales tratan el hecho de que el departamento de Justicia de Estados Unidos, califique de delincuente a un mexicano, con pruebas o sin ellas.
Se despoja de toda nacionalidad y aparece el morbo disfrazado de logro contra la delincuencia y un avance de la oposición. Se trata de un logro de Estados Unidos sobre la dignidad de los mexicanos, pero en las apariencias mediáticas suelen diluirse guerras completas y exterminios totales.
La oposición con ayuda de los medios convencionales y de Estados Unidos equiparó la responsabilidad delictiva entre Maru Campos y Rubén Rocha Moya.
Es decir, una acusación sin pruebas contra una evidente traición a la patria no pueden ser iguales, o ser contrapeso una de otra. La misma ley los juzga y las sanciones están definidas.
La acusación contra Maru Campos, la realiza México, no Estados Unidos y es la única acusación que todo mexicano debe tomar en cuenta; la otra, contra el gobernador de Sinaloa, puede ser culpable o inocente de las acusaciones, investigado luego de su renuncia pero no puede ser culpable sólo porque alguna instancia policiaca del vecino país así lo considere.
Hay tratados, convenios, acuerdos que pueden arrojar acciones como la solicitud de investigar al gobernador, el hecho de que se haga justicia no significa un triunfo de la oposición, pero es la única manera, en este momento, de demostrar que existe más allá de las derrotas electorales y la falta de militantes.
Ya bastante se ha magnificado el narcotráfico en el continente como para considerarlo un delito superior a la traición a la patria.
La dipsómana gobernadora panista, justifica su desaire al Senado argumentando que quienes la interrogarían están “en la lista roja del gobierno de Estados “, otorgando validez a esta presión política de sus patrones, cuya protección muestra con gran desfachatez.
Llama la atención cómo Maru Campos tiene acceso a dicha información, pero dijo a Omar García Harfuch que no sabía que hubiera espías de la CIA en su entidad. Desconoce lo que debe saber y sabe lo que debe ser vetado a su conocimiento, a menos que sea soldado del ejército extranjero.
Pero no es la única que con pocos argumentos y menor calidad moral opina sobre el tema, Paloma Sánchez, del PRI, famosa por ser una pluri feliz, gracias a su excelente relación con Alito, señala que la acusación contra Rocha Moya es algo inédito en la relación con el vecino. Caso muy similar a l de su íntimo amigo, que lleva años evitando el desafuero, situación que no es nueva, la única diferencia es que Trump no pide el desafuero del líder nacional del PRI.
La oposición parece olvidar que hay un ex secretario de Seguridad de México preso de por vida en una cárcel de Estados Unidos.
La payasita botarga no podía quedarse callada ante la oportunidad de tener frente a sí un micrófono, y confesar su admiración por Trump y su espía disfrazado de embajador y exige castigo sontra Rocha sin investigación previa.
Pero Movimiento Ciudadano no puede desperdiciar la ocasión para golpear al gobierno, ante la posibilidad de hacerlo con argumentos sólidos, su coordinador en el Senado, se declara fiel vasallo de Trump, al afirmar que Rocha Moya “debe enfrentar las acusaciones de Estados Unidos”. Como si el presidente del vecino país fuera una instancia judicial extraterritorial.
Podría ser Rocha culpable y Maru inocente, no deja de ser una intromisión de Estados Unidos sus señalamientos contra el ex rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa y el apoyo ilícito a la gobernadora al golpe de Estado. Ambos son mexicanos y corresponde a las leyes mexicanas investigarlos y juzgarlos.
Existe una laxitud total e inexplicable obediencia a la voluntad de un gobierno extranjero a la hora de responder a cualquier intromisión, en nombre de la consigna partidista y en fanatismo conservador que caracteriza a la oposición.
La acusación contra los sinaloenses, se emitieron para detener el juicio político contra Maru Campos.