El coste oculto de la IA, consume recursos como si no hubiera un mañana

El coste oculto de la IA, consume recursos como si no hubiera un mañana

La Chispa te revela cómo el coste oculto de la IA está generando una preocupación creciente entre científicos y expertos ambientales. Aunque la inteligencia artificial suele asociarse con innovación, productividad y avances tecnológicos, detrás de cada consulta a un chatbot, cada imagen creada y cada video generado existe una enorme demanda de recursos naturales que pocas personas conocen. Un reciente informe de la Universidad de la ONU advierte que esta revolución tecnológica podría tener consecuencias ambientales significativas si no se implementan estrategias sostenibles.

Datos que preocupan a la comunidad científica

Para 2030, los centros de datos que impulsan la inteligencia artificial consumirán cerca de 945 teravatios-hora de electricidad. Esta cifra representa casi el triple del consumo anual combinado de Pakistán, Bangladés y Nigeria. Además, la huella hídrica asociada a estas operaciones equivaldrá a las necesidades básicas de agua de toda la población de África subsahariana. También se estima que la infraestructura ocupará más de 14.500 kilómetros cuadrados de territorio.

El coste oculto de la IA va más allá del carbono

El informe “Coste ambiental del uso energético de la IA: huellas de carbono, agua y suelo” destaca que durante años la atención se concentró únicamente en las emisiones de carbono. Sin embargo, los investigadores señalan que el agua utilizada para la refrigeración de servidores y la extensión territorial requerida para la infraestructura tecnológica son factores igualmente críticos. Este enfoque limitado ha impedido comprender la magnitud real del problema y ha ocultado parte importante de el coste oculto de la IA, especialmente en regiones donde los recursos naturales ya enfrentan una fuerte presión.

El coste oculto de la IA va más allá del carbono
Un centro de datos en Irlanda.

El verdadero consumo ocurre durante el uso diario

Los expertos explican que entre el 80% y el 90% del gasto energético de la inteligencia artificial ocurre durante la fase de inferencia, es decir, cuando millones de usuarios interactúan diariamente con los sistemas. Solo ChatGPT procesa alrededor de 2.500 millones de consultas cada día. Una conversación con un chatbot puede consumir hasta 200 veces más energía que una simple clasificación de texto, mientras que generar una imagen requiere hasta 1.450 veces más recursos.

La paradoja de la eficiencia tecnológica

El informe menciona la conocida paradoja de Jevons. A medida que los modelos se vuelven más eficientes y económicos, aumenta exponencialmente su adopción. Esto provoca que el coste oculto de la IA siga creciendo, ya que las ganancias de eficiencia quedan anuladas por el incremento masivo del uso global. Este fenómeno podría acelerar la demanda energética mundial y aumentar la presión sobre los recursos hídricos.

La paradoja de la eficiencia tecnológica

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Desigualdad ambiental y tecnológica

La expansión de la inteligencia artificial está generando impactos desiguales. En Irlanda, los centros de datos ya consumen más electricidad que todos los hogares urbanos combinados. En Querétaro, México, el crecimiento de la infraestructura tecnológica coincide con problemas de disponibilidad de agua, mientras que en Uruguay proyectos similares han generado preocupación durante períodos de sequía.

Una gobernanza responsable es urgente

El informe concluye que la transparencia, la eficiencia por diseño, la justicia ambiental y la cooperación internacional serán fundamentales para garantizar que el desarrollo de la inteligencia artificial beneficie a toda la sociedad sin comprometer los recursos naturales del planeta.


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