El contraste de las imágenes de México sobre el Mundial y el legado de que dejó Alan Riding y sus Vecinos Distantes

Sitiado por policías y militares el estadio Azteca y sus alrededores durante la inauguración del mundial de futbol, así como las principales calles y avenidas del Centro Histórico y los aislados enfrentamientos entre manifestantes y personal policiaco, cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo, es como México inició la justa mundialista con la notable ausencia de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien prefirió acudir a ver el partido entre las selecciones de nuestro país y de la Sudáfrica, a un parque en la alcaldía Gustavo A. Madero, para evitar la rechifla en el monumental estadio de Santa Úrsula.

 

No tuvo las agallas como en su momento tuvo Gustavo Díaz Ordaz, tanto en la inauguración de los juegos olímpicos de 1968 y como en el Mundial de Futbol de 1970, donde fue abucheado, ni tampoco las de Miguel de la Madrid en 1986, donde también fue abucheado por los aficionados que llenaron dicho estadio. Pero sí en cambio, acudió a la cena de gala al alcázar del Castillo de Chapultepec para reunirse con los directivos de FIFA y con los empresarios.

 

Y es que se conjugaron varios factores, una crisis de dimensión histórica en la relación con la Casa Blanca, el desafío interno de la CNTE, madres buscadoras, agricultores, transportistas, jubilados y otros grupos inconformes con las políticas morenistas, así como la misiva frustrada del expresidente López Obrador al presidente Donald Trump, y el desgaste por el propio Mundial de Futbol. Se dice que es un mundial de tres países, pero a México y Canadá, solamente les dieron migajas. Solo 26 partidos, y 120 para Estados Unidos. Y así se sienten felices.

 

La acusación penal de Estados Unidos anunciada el 29 de abril contra el ahora gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, arrancó un periodo de debilitamiento que llevó a Sheinbaum Pardo a dejar a un lado posturas moderadas y levantar banderas rojas, tras las cuales vendría una ruptura con Washington de dimensiones inéditas. Reportes disponibles indican que ello hizo que la administración Trump enfriara en forma paulatina los ánimos de sus operadores más radicales, en particular Markwayne Mullin, su secretario de Seguridad Nacional.

 

El 9 de junio –dos días antes de la inauguración del mundial– el canciller Roberto Velasco informó de una llamada con el secretario de Estado, Marco Rubio. En dicha llamada hubo un acuerdo: Velasco y todo el gabinete de seguridad atenderían una cita en la sede diplomática norteamericana convocada por el embajador Ronald Johnson, con las cabezas de organismos de seguridad estadounidenses, para crear un “Grupo Bilateral de Implementación” (BIG, por siglas en inglés) que impone compromisos en una docena de temas. “Necesitamos resultados medibles”, estableció Johnson.

 

En cuanto al mundial del futbol, esta es una reflexión: Jaguar y gato-felino: El pasado teológico y el presente de las redes sociales. Uno devoraba corazones para que lloviera. ¿Y la televisión? Secuestrada por los anunciantes. El otro devora likes para que facture. Mismo rito, distinto sacrificio. Solo se prende cada 4 años y solo dice una cosa: “Compra”. Es el dios que no habla, solo transmite anuncios. El jersey: El santo sudario neoliberal. No tiene dueño. Es de quien lo pague. El de Cuauhtémoc, de Vela, de Jiménez, el multicolor de Campos, o de cualquiera. quien lo compre en el tianguis, pues el original cuesta 1,600 pesotes. No adoran la piedra. Se adora el jersey verde, asimismo a través del fanatismo. “Aquí se adora lo que no se entiende, para no llorar lo que sí se entiende.”

 

Este monumento no concede milagros. Solo recibos. Guárdelos para su declaración anual de esperanza. Ya no se esconden. Le rezan al jersey porque mataron al jaguar y no supieron qué poner en su lugar”.

 

El 8 de junio, el Nueva York Times, dio a conocer el fallecimiento de Alan Riding, en su casa en Paris, Francia, y quien, durante 12 años, fue el jefe de oficina de ese diario para México y América Latina. Casado con otra gran periodista de Times, Marlise Simons, Alan Riding escribió el libro “Vecinos Distantes”, que para muchos es un estudio notable sobre cómo somos los mexicanos, como vemos la relación con Estados Unidos y todo eso que tiene que ver con el llamado nacionalismo y el concepto de soberanía.

 

Riding explica como España y Francia dejaron de ser, por un tiempo, los villanos favoritos, de una clase política e intelectual mexicana seudonacionalista que enviaba a sus hijos a estudiar a las mejores universidades de Estados Unidos y Europa, que fue sustituida por los Estados Unidos. Y como la relación de ha ido deteriorando, como el tráfico de drogas y armas fueron siendo el contrabando mexicano a cambio de lo que en México se definía como “fayuca”. En Vecinos Distantes, el autor explica como los mexicanos consideraban a los estadounidenses como “tontos”, pero admiraban su progreso y su forma de vida.

 

Nacido en Brasil de padres británicos, Riding pasó gran parte de su vida laboral informando desde Centroamérica, Sudamérica y México, convirtiéndose en una voz autorizada para explicar esas regiones al resto del mundo. Lo hizo de manera notable con un libro de 1984, “Vecinos Distantes: un retrato de los mexicanos”, un estudio de la sociedad mexicana, así como de la economía, la política y las relaciones del país con Estados Unidos a lo largo de varias generaciones.

 

Sus coberturas abarcaron la guerrilla de extrema izquierda de Sendero Luminoso en Perú y el tráfico ilícito de estupefacientes de los cárteles de la droga colombianos, así como la revolución en Nicaragua y las guerras civiles en El Salvador y Guatemala. Escribió sobre el conflicto de Echeverría con Excélsior y la salida de Julio Scherer García y más de 300 periodistas y trabajadores de la cooperativa. Organizó una conferencia de Scherer en Nueva York, pero Echeverría impidió que saliera del país.

 

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El estudio de Alan Riding sobre México de 1984 ha demostrado una notable vigencia: en 2025, sus editores encargaron una edición actualizada con un nuevo epílogo.

 

Riding tenía un ojo agudo para las contradicciones de las tierras que cubría. Por ejemplo, al hablar de las raíces indígenas de México, escribió en Vecinos Distantes: “Orgulloso de su pasado indígena, México parece avergonzarse de su presente indígena. El México moderno que ha desenterrado sus raíces indígenas y elevado el indigenismo a símbolo de nación tiene poco espacio para los indígenas de hoy”, afirmó.

 

En ese libro, el periodista evaluó la influencia de las empresas estadounidenses en México. Con el auge petrolero mexicano de la posguerra, “los inversores estadounidenses se concentraron en satisfacer la creciente demanda en varias industrias obvias —automóviles, llantas, electrodomésticos, procesamiento de alimentos, productos químicos y farmacéuticos— y en cada una de ellas, empresas estadounidenses bien establecidas pronto controlaron el mercado.

 

Riding dejó el Nueva York Times en 2007 y se dedicó al estudio sobre la cultura francesa en tiempos de guerra, Y siguió la fiesta: la vida cultural en el París ocupado por los nazis, publicado en 2010.

 

Y es que los Vecinos

Distantes cada día están más distantes. ¿o no?

 


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