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El club de Toby

El club de Toby

El “Club de Toby” no es un club literal. Es un ecosistema de relaciones masculinas que se autoprotege y se retroalimenta mediante redes informales de confianza, recomendaciones entre pares, espacios de decisión donde solo circulan hombres, códigos tácitos de pertenencia, lealtades históricas y rituales de convivencia que excluyen por diseño.

Funciona como un sistema de puertas invisibles: no se anuncian, pero están ahí. No opera desde la exclusión explícita, sino desde la normalidad.

Se autoafirma es frases simples: “Así se ha hecho siempre”, “Es que nos conocemos desde hace años”, “Ella es buena, pero no la ubico”, “No pensé en ella”…

El Club de Toby no necesita decir “no entra”. Le basta con no pensar en ella.

Ese es el sesgo más profundo: la ausencia como forma de exclusión.

Se manifiesta con más fuerza en los espacios donde visibilidad, reputación y confianza son moneda: medios y editoriales, política y diplomacia, gastronomía, tecnología, academia, consultoría, periodismo, finanzas, emprendimiento.

En todos estos sectores, la pertenencia a redes informales determina quién recibe oportunidades, es recomendado, invitado, considerado “experto” o quién asciende Y esas redes siguen siendo mayoritariamente masculinas.

Comprender los mecanismos del Club de Toby permite navegar con inteligencia estratégica y ética. También para generar llaves de acceso. Una de ellas es la visibilidad estratégica. Aquí no basta con ser brillante, hay que ser visible para quienes deciden. Conviene entonces participar en foros, publicar, dar conferencias, aparecer en paneles, liderar proyectos visibles. La visibilidad es una forma de legitimidad.

Otro acceso es a través de las redes horizontales y verticales. Las mujeres suelen construir redes horizontales (entre pares), pero en el Club de Toby opera verticalmente con quienes tienen poder. La clave es mezclar ambas: mentores, aliados, patrocinadores, pares, comunidades… no limitarnos al apoyo emocional, sino buscar el estratégico.

Una tercera llave de acceso se logra con la narrativa de autoridad. El Club de Toby se legitima entre sí. En tanto, las mujeres necesitan narrativas de autoridad que no pidan permiso: “Esto es lo que sé.”, “Esto es lo que he logrado.”, “Esto es lo que propongo.” No es arrogancia. Es posicionamiento.

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La cuarta llave se obtiene al ritualizar la presencia. Las mujeres que transforman espacios no solo entran: reconfiguran el ambiente mediante el tono, lenguaje, ética, estética. modos de reunión, formas de decidir. La presencia femenina no es una cuota: es una reforma simbólica.

Veamos ahora una quinta forma de ingreso: los aliados conscientes. El Club de Toby se desactiva cuando algunos de sus miembros dicen: “¿Por qué no está ella aquí?”, “Invitémosla.”, “Falta su voz”. Los aliados no sustituyen la lucha, pero abren puertas que estaban cerradas.

La sexta llave es generar un club propio. Es crear espacios donde las mujeres se recomienden, se visibilicen y se legitimen entre sí. No como reacción, sino como nueva arquitectura del poder.

Ahora, ¿Por qué es importante reconocer el sesgo? Porque lo que no se nombra, no se transforma.

Nombrar el Club de Toby revela el mecanismo, desactiva la culpa individual, permite estrategias, abre caminos, legitima la experiencia femenina y convierte lo invisible en mapa


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