EL CINE REVITALIZADO

El mes patrio

Lo dijo Groucho Marx: “Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína”. Camelot.

 

El cine día a día se revitaliza. Suelo presumir de ser cinero. Desde los tiempos remotos en que de chiquillo no salía de las tres salas cinematográficas que existían en mi pueblo: cine Margo, el Sección 25 de los ferrocarrileros, y el Tierra Blanca. Tres cines diferentes, hubo años que no hubo ninguno, pero un día un empresario se animó y ya hay cine en el pueblo. El cine lo catapulta a uno y lo lleva a otras dimensiones. Dicen que en dos horas, cuando uno está dentro de la sala, los problemas son de otros. Desde aquella Casa Blanca, cuando Bogart en el café Rick, dice: “Play it again, Sam”, el mundo no volvió a ser igual. O aquella que le asestó Reth Buttler a Scarlet Ohara en Lo que el viento se llevó: “My dear, I don´t give a damn” (Sinceramente, cariño, me importa un bledo).

Insisto en que pese a que existen Netflix y todas las cadenas de televisiones de paga, no hay que abandonar los cines. Hay qui ir, diría un chamaco, porque las películas están hechas para el cine, ya de vez en cuando alguna que financia Netflix, y no dejemos morir a los cines de Cinepolis, como los hay en Orizaba en Plaza Valle.

 

LOS CINES LOCALES

 

Aquí en Orizaba hubo años que nos movimos en cines antiguos: Variedades, el Cinema Orizaba, El Real, el de los ferrocarrileros y uno que otro por allí. Esos cines chuparon faros, porque el primero que se llevó la prenda fue el tío Richie, Ricardo Benjamín salinas Pliego, que compro la Cadena Operadora de Teatros, que era del gobierno y algunos de esos cine terminaron en Elektra. El otro lo rescató el ayuntamiento del Emperador y se volvió sala oficial de eventos, para quien quiera alquilarlo o para eventos municipales. Le dieron su gran manita de gato y ahora, antes de irse, hasta aire acondicionado le dejó el hijo preferido de Casavegas y del orizabeño Barrio de San Juan de Dios.

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Hace mucho que no voy al cine, pero una lectora me recomendó ver una y me animaré en poco tiempo.

Hay unas pelis muy sangronas que han pasado a la posteridad, como la del mamila Arnold Schwarzeneger: “Hasta la vista, baby”, cuando aniquila a sus rivales. Cinema Paradise fue un clásico que no se cansa de volver a ver. Ahora voy por la de Edith Piaff. Woody Allen en Manhattan soltó una que ha quedado en la mente de los cinéfilos: “Finalmente tuve un orgasmo; y mi doctor me dijo que era de la clase equivocada”. Aquel “bon giornio, principessa”, de La Vida es bella, rememora tiempos claros de persecuciones. O la última que rescato, la de El Padrino, cuando Vito Corleone amenazaba: “Le haré una oferta que no podrá rechazar”. Y todos nos poníamos a temblar apretando aquellito, hasta los de la sala.

En fin, no dejen de ir al cine, hay que hacerlos que sobrevivan en esta brutal tecnología que abruma al más cuerdo, uno recuerda que los discos y los casetes desaparecieron y que cuando llegó Netflix se acabaron los Videoclubes, eso está bien, pero hagamos sobrevivir al cine. Sin el cine la vida no es vida, aunque hay que juntar para las palomitas y los nachos.


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