Democracia sin votos
Creer y hacer creer que sólo cuando un partido político deja de gobernar surge la democracia acusa simplismo ante la percepción política y sumisión ante la visión estadounidense.
El caso de Nicaragua es sintomático aunque poco lógico desde una perspectiva convencional. La democracia es, en sí misma, una elección popular, no puede imponerse desde los criterios de sus detractores.
Bastó el anuncio de la cancelación de las elecciones para que los medios controlados por la derecha, que son la mayoría, aseguraran que cuando pierda los Sandinistas, habrá democracia en ese país. Como si se tratara de una acción automática que es responsabilidad y derecho del pueblo.
Así la democracia es la que impone Estados Unidos es la buena, otro tipo de democracia no tiene el aval del juez que legitima gobiernos espurios en su nombre.
Actualmente Latinoamérica tiene gobiernos no electos por sus pueblos pero tienen la aprobación de Trump. Es decir, gobierna el perdedor, que asalta el poder a través de fraudes electorales como es el caso de Colombia, Chile, Ecuador, Bolivia, Chile, Perú, entre otros. Prepara el de Brasil con mucha dedicación, ya el propio Netanyahu, felicitó a Flávio Bolsonaro por su candidatura.
Rechazar elecciones no es un capricho sólo por mantener el poder, sino para impedir que la derecha entre a Nicaragua, a través de un golpe militar o un fraude electoral. Ortega sabe que las elecciones serían reñidas y este es campo fértil para la intromisión extranjera, ansiosa por difundir que liberó a los nicaragüenses.
El hecho de que anunciara que no habrá elecciones es una reacción a los reiterados golpes de estado sucedidos en América Latina, financiados por Estados Unidos e Israel. Ahí está el ejemplo de Colombia, donde a menos de una semana de haber tomado e l poder Abelardo de la Spriella más de un colombiano se arrepintió de haberle dado su voto, lo mismo sucedió en Argentina, Bolivia y Chile.
Los detractores del Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua aseguran que Daniel Ortega impide la llegada de la democracia, lo que quiere decir que hasta que pierda las elecciones el partido ene l poder se demostrará que hay democracia. Un triunfo o derrota de la derecha no excluye o confirma el método, pero las elecciones son un campo de batalla para los fraudes que se organizan en el Pentágono y se aplican a toda América Latina.
Esta misma percepción no la aplican a El Salvador o a los reyes de España, Marruecos o Reino Unido, en estos casos nadie dice que, en cuanto termine la monarquía en los países donde existe este sistema político, surgiría la democracia, de tal manera que España, Reino Unido, Noruega, Suecia, serían regímenes democráticos.
Trump anuncia que está dispuesto a apoyar la reforma la Enmienda 22 de su constitución que le impide ser presidente por tercera ocasión, a pesar de saber que no cuenta ni con el 20 por ciento de la población popular dentro de un país que empieza a tener hambre. Pero, igual que los panistas en México, asegura que tiene muchos simpatizantes fantasmas.
Nicaragua podría elegir “democráticamente” si hay votaciones. No se trata de calificar de dictadura la decisión de Ortega sino de reflexionar sobre nuevos retos de la verdadera democracia.
