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Un compromiso por la paz

Un compromiso por la paz

Un compromiso por la paz

En su afán de contener la sangrienta ola criminal que tiene en luto permanente a México -desde hace varios lustros-, obispos y activistas por la paz dieron un paso de la mayor relevancia. Presentaron para su firma un “Compromiso por la paz”, a las candidatas a la presidencia y al también aspirante al máximo cargo del Poder Ejecutivo. Se trata de un documento elaborado por organizaciones religiosas y civiles, con 117 propuestas, apartidistas, de sentido común y de aceptación general. Los convocados firmaron y asumieron el reto de por lo menos trabajar “en las coincidencias”.

Como se recordará, desde hace unas semanas obispos de Guerrero generaron polémica al informar que buscaron y consiguieron reunirse con líderes de grupos criminales -siguiendo un exhorto del Papa Francisco de no ser indiferentes a la violencia en sus comunidades- para “acordar una tregua” entre ellos, con el fin de pacificar al estado.

Como contexto de este “Compromiso por la paz” y su trascendencia, cabe señalar que México sumaba 181 mil 327 ejecuciones en todo el país -al 11 de marzo del presente-, de acuerdo con un reporte de la consultora TResearch International, con datos oficiales.

El solo planteamiento de “un diálogo” de criminales con la sociedad civil y representantes eclesiásticos o de autoridades de cualquier nivel, debe llamar a la reflexión. Así fuere motivado por una causa noble, “dialogar” con reincidentes violadores de la ley, por principio implicaría -de facto- reconocerles una representación; un “pacto” equivaldría a una claudicación del estado de derecho.

Para valorar con serenidad los antecedentes referidos y el contexto del citado Compromiso por la paz, hay que considerar la posición de los ministros religiosos.

El obispo de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, José de Jesús González Hernández, había informado en conferencia de prensa –el 14 de febrero- que la violencia en la entidad alcanzó a la comunidad eclesiástica: “Nos han matado catequistas, mayordomos, padres de los acólitos y encargados de adoración”. Subrayó que había pedido al gobierno “dialogar” con los grupos criminales “para que haya una tregua  y tengamos paz, pero parece que nos han dejado solos”.

Precisó que el Ejército estaba dejando actuar a las bandas criminales: “No es posible que haya patrullajes y los criminales llegan, cometen sus delitos y después se retiran sin que nadie los moleste”.

Al respecto, el obispo emérito, Salvador Rangel, sostuvo: “Tenemos que hacer algo, porque es penoso que estas autoridades no hagan nada por pacificar al Estado”.

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Por su parte, el sacerdote Filiberto Velázquez afirmó que finalmente habían lograron un acuerdo entre dos grupos mafiosos que se disputaban la región. No van a invadirse territorios y respetarán los “negocios” de cada cual. También manifestó que las autoridades habían permanecido al margen del presunto “diálogo” y que estaba bien que no se metieran.

Donde existen vacíos de autoridad, tarde o temprano alguien ajeno los llena. El Compromiso por la Paz es un buen punto de partida para que -conforme a sus facultades y atribuciones institucionales-, cada quien haga lo que le corresponda en favor de la legalidad, la justicia y la concordia nacional.

 


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