Claudia no sabe leer.
No es por reprobar la prueba PISA ni por falta de comprensión literal. La incompetencia es más honda.
Leer un libro exige atravesar tres capas: la literal o inmediata, la simbólica o metafórica y la del corazón, que nos toca personalmente.
La primera dice lo que está escrito. Se apega a la superficie. La segunda revela significados: es el material que nutre parábolas, metáforas y estructuras profundas. La tercera muestra lo que el texto despierta en nuestra vida: es el mensaje que nos implica.
Un lector profundo sabe que ningún libro se agota en su superficie, que cada página tiene un doble fondo y el sentido real aparece cuando las tres capas se alinean.
Pero en política —y especialmente en los informes de gobierno— la lectura suele quedarse en la capa más pobre: la literal. La que dice “todo va bien” aunque los datos impliquen otra cosa. Es la que afirma que los homicidios bajaron 50%, mientras en el mismo documento oficial aparece un rubro llamado “otras muertes” que creció más del 50% en el mismo periodo. El sentido literal presenta un país ordenado cuando la realidad muestra a uno herido.
“Leer” solo la capa externa es banal. Es sumergirse en el mito y desoír la realidad.
En su informe, la presidenta afirmó que los homicidios dolosos disminuyeron alrededor del 50% respecto al inicio del sexenio.
Ese número proviene de comparar los registros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) con cortes mensuales del gobierno federal mediante una metodología que excluye categorías no tipificadas.
La capa literal dice “Los homicidios bajaron.” Pero la literalidad nunca es suficiente. Requerimos analizar la capa simbólica: el dato que se oculta
En los mismos informes aparece un rubro que no suele mencionarse en discursos: “Otras muertes”, que incluye hallazgos de cuerpos sin clasificación, muertes violentas sin determinar, homicidios no tipificados, casos en investigación y defunciones con signos de violencia sin causa jurídica definida.
Este rubro —según los propios reportes oficiales— presenta incrementos superiores al 50% en varios periodos del sexenio. Es decir: mientras una categoría baja, otra sube.
Esto no es nuevo. Expertos en seguridad documentan que la reclasificación de muertes puede alterar la percepción estadística sin modificar la realidad criminal.
La cifra baja porque la categoría cambia, no porque la violencia disminuya.
La capa simbólica dice: “Reclasificamos muertes.”La capa del corazón: la experiencia que contradice el discurso,
Así, la lectura profunda no se hace con cifras, sino con vida.Con la experiencia de quienes viven inseguridad, violencia y pérdida. Con los testimonios de familias que no encuentran justicia y con los datos de estados donde la violencia no disminuye, solo muta.
La capa del corazón dice: “La violencia sigue, pero la escondimos en otra categoría.”
Cuando un gobierno no sabe leer sus propios datos, tampoco sabe leer su país.
Leer un informe exige lo mismo que leer un libro: Comprender lo que dice. Interpretar lo que significa. Reconocer lo que revela sobre nosotros.
Si solo se mira la primera capa, el mensaje se vuelve inocuo, irreal e increíble. Se transforma en una narrativa que no convence a nadie porque no dialoga con la experiencia de la gente.
Así, la presidenta no sabe leer porque confunde cifra con realidad, renglón con verdad, estadística con vida. Y cuando no se sabe leer, tampoco se sabe comunicar. Entonces el mensaje se vuelve propaganda, no diagnóstico.
Y un país sin diagnóstico carece de rumbo.
