Bolsonaro entre el golpe y el olvido

Criminal tormenta de mentiras

La percepción de Flavio Bolsonaro, como la de algunos conservadores para quienes los triunfos electorales son como una competencia de atletismo, donde basta con empeñarse más para la siguiente competencia y ganar.

El comunicado que lanza desde Estados Unidos muestra a una persona que se dedica a todo menos a la política. Habla de su padre, de su deuda con su gente, pero carente de sensibilidad y contacto con el pueblo.

Aquí lo que brinca en el breve discurso, y a pesar de breve es reiterativo, es que asegura que muy pronto será candidato de nuevo. La precisión es la que preocupa: “incluso antes de las elecciones”.

En toda democracia los candidatos participan en elecciones, sin éstas no hay función pública de candidaturas. Bolsonaro jr. habla de un golpe de Estado a escasos dos días de haber llegado a Estados Unidos, huyendo de la justicia de su país, tiempo suficiente para que le hicieran el ofrecimiento de poner en charola de plata la presidencia que perdió en las urnas.

Es tiempo de la reivindicación de los delincuentes para Trump, ahí está Juan Orlando Hernández, Abelardo de la Spriella, Daniel Noboa, Javier Milei, el propio Flavio Bolsonaro, nada importaría si tratara de colocar a otro delincuente al frente de un país latinoamericano.

Llegar a ser candidato triunfador, es decir, presidente de Brasil sin elecciones anuncia una intención poco amigable entre Estados Unidos y Brasil. Para que el golpe de estado favorezca a Estados Unidos, patrocinador de intentona, debe llevarse a cabo cuanto antes, como tabla de salvación del delirante presidente gringo.

Un golpe no se prepara de la noche a la mañana, tampoco un líder. Improvisarán estrategia y mandatario en medio de un entusiasmo social generalizado en Brasil en favor de Lula que se les pude revertir y aniquilar la carrera política de los Bolsonaro de una vez por todas.

Un golpe de Estado no puede perpetrarse sin que haya, por lo menos, una inconformidad real de la sociedad que dé soporte a la asonada y legitimidad a los nuevos gobernantes.

Unas elecciones reñidas no son suficiente polarización para gentilizar el éxito de este criminal intento, pero la prisa de Trump por sentirse todavía poderosos puede convertirse en un peligro para el pueblo de Brasil.

La corta inteligencia de Flavio Bolsonaro pone en alerta al gobierno de Lula da Silva, quien iniciará su próximo periodo presidencial el 1 de enero de 2017, no si estar atento a cualquier guerra sucia, campaña de desprestigio o invasión e Estados Unidos.

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Cuando las caminos enloquecen

Trump es una bestia acorralada y como tal se ha comportado todo el tiempo. Ahora con la derrota electoral que fue una especie de plebiscito que midió las simpatías hacia su detestable persona, necesita una acción en el lenguaje que es experto: la guerra, la violencia, la depredación.

El derrotado Trump no soporta la derrota que desde adentro y fuera de su territorio es objeto. Es cuando surge la declaración de Bolsonaro, a unos días de enviar al títere salvadoreño a tratar de limpiar Haití, mientras decide a quién agredir primero, si a Brasil o a Cuba, o tal vez México.

En el marasmo que le produce su sicopatía lo hace declarar que los republicanos perdieron porque él no estaba en las boletas, de haber sido así ganar por una gran diferencia. Lo cierto es que se trató de una especia de revocación de mandato que lo define como el gran tirano de todo imperio en decadencia y, a pesar de ello, Bolsonaro lo muestra, todavía, como un aliado para rescatar el poder antes de cualquier eleccións.

Aunque Trump haya dicho que Bolsonaro puede permanecer en el país el tiempo que lo considere conveniente, debe tenerse en cuenta que si su objetivo no es Brasil, lo abandonará a su suerte.

Trump quiere salvarse del naufragio de su imagen que lo deja sin decisión y al borde del fin de su carrera política que había considerado ingenuamente en la cúspide.


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