Los 50 años de Proceso
LOS 50 AÑOS DE PROCESO Y EL ESPÍRITU DE JULIO SHERER
Independencia que incomodó al PRI, al PAN y a Morena
Las grandezas de su pasado y controversias del presente
Hoy se debate su cercanía con la derecha política
Este 6 de noviembre Proceso, la emblemática revista de información y análisis más importante de la historia reciente nacional cumple 50 años. Nacida tras la salida de Julio Scherer García y un grupo de periodistas de Excélsior, la publicación se propuso ejercer un periodismo incómodo para el poder político, en una época en la que cuestionar al presidente podía significar aislamiento, censura o represalias.
Durante décadas, el nombre de Proceso se convirtió en sinónimo de investigación, rigor documental y distancia frente a los gobiernos. Bajo la dirección de Scherer, la revista construyó una identidad basada en una idea sencilla: ningún poder debía quedar fuera del escrutinio periodístico.
Julio Scherer entendía el periodismo como una forma de contrapoder. Las páginas de Proceso fueron escenario de investigaciones sobre corrupción, abusos de autoridad, conflictos políticos y violaciones a los derechos humanos, sin importar el partido gobernante.
La revista se ganó prestigio porque mantuvo una independencia que molestó tanto a presidentes del PRI como, posteriormente, a gobiernos de otras fuerzas políticas. Su lenguaje era sobrio, sus reportajes extensos y su prioridad consistía en documentar antes que opinar.
Para muchos periodistas y lectores, aquella etapa representó una auténtica escuela de periodismo crítico. El prestigio de Proceso estaba estrechamente ligado a la figura de Scherer y a colaboradores ejemplares –Vicente Leñero y el padre jesuita Enrique Maza– que concebían la profesión como una obligación moral frente al poder.
EL ADIÓS A PROCESO, AUGE Y FINL DE UNA EPOCA
En Adiós a Proceso Auge y final de una época, libro de Florence Toussaint, recién presentado en la Casa de las Humanidades de la UNAM, se da cuenta de los grandes momentos que atravesó el semanario más leído del país. Hubo ediciones que rebasaron los 300 mil ejemplares. Florence nos cuenta de los 40 años que trabajó en CISA, Comunicación e Información S.A., que es la empresa editora.
La especialista en medios de comunicación recuerda que, tras el golpe de Luis Echeverría Álvarez contra el periódico Excélsior en 1976, José López Portillo asumió la Presidencia de la República como candidato único. El PRI y el sistema electoral atravesaban entonces una profunda crisis, por lo que era urgente una reforma que evitara el desplome del sistema político. Esta se concretó mediante la modificación de la Ley Electoral propuesta por el secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles.
“Las presiones y los intentos de censura desde el régimen no habían cesado con el cambio de gobierno de Echeverría a López Portillo. Hubo que seguir resistiendo y se pudo gracias al apoyo de los lectores que un medio veraz había conseguido. Quizá el golpe más fuerte a Proceso en esa etapa fue el “no te pago para que me pegues”.
Otro de los embates contra la revista se dio por el cartón de Naranjo. Este era publicado en la primera página, sin explicitarlo se convirtió en el editorial gráfico. Sus críticas y lo artístico de sus dibujos molestaron al poder en turno.
La reportera y columnista en esos tiempos, hoy investigadora y académica de la UNAM, explica: Proceso se radicalizaba, lo mismo que los ataques en su contra. Se había sorteado con éxito el “no pago para que me pegues” de López Portillo: la falta de publicidad oficial se compensó con la venta de ejemplares y de suscripciones. Los lectores aumentaron. Hubo un pico importante en 1994, debido al alzamiento zapatista, y otro durante la huelga estudiantil de 1999.
En la década de 1990, Proceso perdió a sus tres figuras directivas más importantes: el director, el subdirector y el jefe de información. Habían acordado jubilarse tras 20 años de trabajar en la revista para abrir paso a las nuevas generaciones y asegurar la continuidad de la publicación. Corría 1996.
El libro de Florence Toussaint, centrado principalmente en las experiencias de la autora, reúne 150 páginas organizadas en seis capítulos: El adiós; El recorrido: Tripulación de Proceso; La década de 1980: El despegue; La década de 1990; y Diez mil pies: La década de 2000: Inicio del descenso. Incluye, además, una introducción de Jorge González de León y un epílogo. Publicado por Elementum, puede adquirirse en Amazon.
HA SOBREVIVIDO A NUEVE PRESIDENTES
En estos 50 años, Proceso ha sobrevivido a los gobiernos de José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, además de acompañar el inicio de la actual administración de Claudia Sheinbaum.
A lo largo de distintas etapas políticas, desde la hegemonía priista hasta la alternancia y los gobiernos de Morena, Proceso ha mantenido una línea editorial caracterizada por la fiscalización del poder, la denuncia de casos de corrupción y la cobertura de temas sensibles como derechos humanos, violencia y democracia.
Más que una revista, Proceso se ha convertido en un testigo desagradable de la vida pública mexicana. Su permanencia durante cinco décadas refleja tanto la evolución del periodismo nacional como la constante tensión entre la prensa crítica y el poder político.
La muerte de Scherer en 2015 marcó el final simbólico de una época. Aunque la revista conservó buena parte de sus estructuras editoriales, el entorno político y mediático había cambiado profundamente.
México ya no vivía bajo un sistema de partido hegemónico. Además, internet y las redes sociales transformaron la forma de consumir información. La competencia por la audiencia se volvió más intensa y la discusión pública se polarizó.
En ese contexto, Proceso comenzó a recibir críticas procedentes de distintos sectores ideológicos.
El debate sobre el Proceso actual
Mientras algunos lectores sostienen que la revista mantiene su vocación crítica e independencia, otros consideran que se ha alejado del espíritu que la caracterizó durante la era Scherer.
Entre ciertos observadores y antiguos seguidores existe la percepción de que el medio ha adoptado posiciones editoriales más cercanas a la derecha política o a sectores opositores a los gobiernos de izquierda. Desde esta perspectiva, la revista habría pasado de ser un crítico transversal del poder a concentrar buena parte de su energía en la confrontación con proyectos políticos específicos.
Sin embargo, los responsables de la publicación rechazan esa interpretación y sostienen que continúan ejerciendo un periodismo independiente cuyo deber es fiscalizar a quienes gobiernan, independientemente de su signo ideológico.
La controversia revela un fenómeno más amplio: en una sociedad altamente polarizada, los medios que cuestionan a un gobierno suelen ser identificados por sus simpatizantes como opositores, mientras que quienes critican a la oposición pueden ser acusados de oficialistas.
Entre el mito y la realidad
A medio siglo de su fundación, Proceso sigue siendo una referencia obligada para entender la historia contemporánea de México. Sin embargo, también es evidente que existen dos imágenes distintas de la revista.
La primera es la del Proceso de Julio Scherer: una publicación nacida de un acto de resistencia periodística y convertida en símbolo de independencia frente al poder presidencial.
La segunda es la del Proceso actual: una revista que continúa influyendo en el debate público, pero cuya línea editorial genera discusiones sobre su orientación política y sobre la fidelidad al legado de su fundador.
Quizá la pregunta más interesante no sea si Proceso ha cambiado. Todos los medios cambian. La cuestión es cuánto de aquel espíritu original permanece vivo.
El aniversario número cincuenta encuentra a la revista en una situación paradójica: sigue siendo una de las marcas periodísticas más reconocidas de México, pero también una de las más debatidas. Para unos, conserva la esencia crítica de Scherer. Para otros, representa una versión muy distinta del proyecto que nació en 1976.
Lo que nadie discute es que la historia de Proceso ocupa un lugar central en la historia del periodismo mexicano. Entender sus primeros cincuenta años implica comprender tanto la grandeza de su pasado como las controversias de su presente.
