Clero opositor

Criminal tormenta de mentiras

La oposición intenta convertir un problema heredado de administraciones anteriores en el Talón de Aquiles del actual régimen. La oposición al respecto dividió los grupos de madres buscadoras radicalmente, al cobijar a líderes y no colectivos, simpatizantes y no auténticas víctimas de la represión.

Ahora que acaba de pasar la conmemoración de la masacre de 1968, donde un número indeterminado de estudiantes murió en la Plaza de las Tres Culturas, es necesario realizar una revisión seria sobre el origen de las desapariciones.

En un lado están las que conversan con el gobierno y en el otro, las que quieren que sea en persona la presidenta quien las atienda, nadie más. Las primeras han optado por aprovechar las rutas de búsqueda y herramientas que el gobierno ofrece; las otras quieren mayor atención, más presupuesto y una foto con la Presidenta.

Las primeras tienen familiares desaparecidos con mayor antigüedad y datan incluso de los años sesenta, los desaparecidos fueron guerrilleros, líderes campesinos, ecologistas que impedían la tala de árboles, etc. Es decir, quienes rechazaban que las empresas se adueñaran del país, en complicidad con el gobierno.

El segundo grupo de madres, con mayor exposición en los medios, tiene la tragedia de hijos y familiares desaparecidos recientemente, incluso en los gobiernos de la Cuarta Transformación. En la mayoría de los casos son jóvenes que se han visto atraídos por las ofertas de trabajo, algunos del crimen organizado y otras por la publicidad y el estrellato.

Los casos más sonados tienen como origen la asistencia a alguna fiesta de parte de las jovencitas y la repentina desaparición de los jóvenes en el caso d ellos jóvenes que se incorporan a las filas del narcotráfico atraídos por avisos de ocasión que aparecen en internet, pero sobre todo en la web profunda.

Los victimarios del primer grupo pertenecieron al gobierno. Los archivos de la Dirección Federal de Seguridad, asesorada y controlada por la CIA desconocen cuántas personas desaparecieron, torturaron o mataron, luego las quemaron, o los lanzaron al mar desde aviones en las costas de Guerrero, bajo los supuestos delitos de sedición y asociación delictiva durante la guerra sucia.

Los victimarios de los desparecidos de los que se tiene noticia de 2018 a la fecha son el crimen organizado, los tratantes de blancas y redes de plagiarios que utilizan engaños para aprovecharse de la ingenuidad de las mujeres muy jóvenes.

Es decir, las diferencias son muy claras, los motivos muy diferentes y los victimarios muy distintos.

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Las madres de los desparecidos recriminan al gobierno la represión de la que fueron objeto sus hijos por rebelarse a sus designios; la mayoría de las madres de los desaparecidos más recientemente, reclaman al gobierno que regresen vivos sus hijos porque no regresaron de la fiesta.

Las estrategias deben ser muy diferentes de acuerdos con los tiempos, y las causas. Estas deducciones se han mostrado de acuerdo con las investigaciones de 8 años a la fecha; sin embargo, no han quedado del todo claras para la población y menos aún para un clero que, en su miopía conservadora, quieren arrinconar al gobierno llevando una lista de desaparecidos al papa racista León XIV, menospreciando su inteligencia y anulando la información con la que cuenta.

El presidente de la Conferencia del Episcopado mexicano Ramón Castro y Castro obsequió a Su santidad el libro “Un nombre, mil voces”, un libro de más de 200 páginas que reúne fotografías, nombres e historias de personas desaparecidas, así como testimonios de las familias que continúan buscándolas.

El problema de los desparecidos es mucho más complejo que aprender una plegaria o que confesar a un fiel. Los sacerdotes católicos se autoexiliaron de muchas actividades terrenales que todavía no entienden pero quieren influir en sus temas, ahora quieren dar clases de honradez y decencia cuando el pueblo de México los conoce muy bien, así como sus debilidades, desviaciones, y vicios.


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