Deceso social, antesala de la muerte física
La muerte a veces no es aleatoria. Puede tener complejas construcciones que inician con el aislamiento social inducido.
Se trata de un proceso mediante el cual una persona ve reducidos o controlados sus contactos, relaciones, actividades y acceso al exterior por influencia de terceros. No siempre implica encierro físico. Puede consistir en filtrar llamadas, desalentar visitas, limitar salidas, controlar comunicaciones o crear dependencia emocional.
Lo más inquietante es que suele presentarse bajo narrativas aparentemente protectoras: “Necesita descansar”, “No debe preocuparse”, “Está muy sensible.”, “Nosotros nos encargamos de todo” o “Es por su bienestar.”
El problema aparece cuando la protección sustituye progresivamente la autonomía. ¿Por qué ocurre especialmente tras la viudez, una enfermedad o la jubilación? Porque esos momentos producen una combinación de vulnerabilidades.
Por ejemplo, la viudez elimina de golpe a la persona que tradicionalmente funcionaba como principal confidente, observador y defensor. El viudo o la viuda pierde no solo una pareja, sino también un testigo de su vida cotidiana.
Asimismo, tras una enfermedad pueden surgir necesidades reales de ayuda: administración de recursos; traslado a consultas; toma de medicamentos; gestiones bancarias o trámites legales. Quien ayuda adquiere una posición de enorme influencia.
Por otra parte, existe cierta pérdida de identidad social tras la jubilación. Suele reducir contactos laborales, reconocimiento profesional, rutinas y espacios de decisión. Muchas personas descubren que su mundo social era más pequeño de lo que imaginaban.
Ahora, después de una pérdida importante, las personas suelen buscar seguridad, incluso a costa de ceder independencia. Es una reacción profundamente humana.
¿Cuáles son las características de este “nuevo secuestro”?
A diferencia del secuestro tradicional, no utiliza necesariamente la fuerza física
Opera mediante persuasión, culpa, dependencia; control de información y sobreprotección.
Las señales de alerta son éstas: Un tercero responde siempre por la persona. las llamadas dejan de llegarle directamente, las visitas son supervisadas, se dificulta el acceso a amigos históricos, la persona participa cada vez menos en decisiones propias, existe opacidad respecto a cuestiones patrimoniales, se descalifica sistemáticamente su criterio…
La pregunta crucial es: ¿Esta decisión aumenta la autonomía de la persona o aumenta el control de quienes la rodean? Porque siempre la muerte social antecede a la física. Es un preludio indisoluble.
