Falta de sentido, semilla atroz en el suicidio de niños y adolescentes

“¿Para qué estoy aquí?” no es una pregunta filosófica en boca de un niño. Es un grito silencioso que deliberadamente desestimamos. “¿Qué sentido tiene mi vida?” no es una duda adolescente que nos incomoda, es una fractura que puede decidirlo todo. Y en ambas preguntas, silenciosamente, se gesta el suicidio.

Si. El desencanto y la falta de sentido son las sombras que subyacen cuando alguien decide terminar su vida. Es el elemento común ante decenas de pretextos. Y no es un problema privativo de México. Aparecen en todas las geografías, son presagios funestos.

Las cifras internacionales muestran que el suicidio es una de las principales causas de muerte entre adolescentes en numerosos países. La tendencia aumentó en la última década en América Latina, Europa y Asia. La OMS lo considera un problema de salud pública global que requiere políticas integrales, no medidas aisladas. Se trata de un fenómeno cultural de nuestro tiempo.

La raíz es profunda: la pérdida de sentido y de trascendencia. Cuando la vida pierde significado, los riesgos de atentar contra ella aumentan. En niños y adolescentes, esta carencia se manifiesta en desconexión emocional, la sensación de vacío, una ausencia de propósito que cada vez se ahonda más…es la falta de pertenencia y ruptura de vínculos.

Puede emerger de manera apenas visible tras la presión social, es un fenómeno de aparente rechazo que se presenta sin contención. Al mismo tiempo, surgen narrativas de desesperanza. También modelos culturales que glorifican la inmediatez y desprecian la profundidad. No se trata de un caso aislado de desadaptación, es la cimiente de un final catastrófico que pudo evitarse.

No hablamos de una generación de “cristal”, como peyorativamente atribuimos a un problema que a todos nos atañe y decidimos no ver. Es el signo evidente de una sociedad que olvidó lo esencial, la vida, en aras de una búsqueda incesante de signos falsos de poder, como el prestigio, el éxito o el dinero.

En esa carrera en pos de estatus dejamos atrás lo que en verdad importa, los adolescentes y niños. Ellos que son futuro, pero también la parte más esperanzadora de lo que hoy somos como sociedad y personas.

¡Que pena cuando la vida deja de sentirse como un camino y se percibe como una carga! Cuando un niño deja de sentir que su existencia importa, el mundo adulto ya falló mucho antes del acto final.

See Also

El suicidio infantil y adolescente revela fallas estructurales: sistemas educativos que no enseñan manejo emocional, familias fragmentadas, comunidades debilitadas y redes de apoyo insuficientes. También revelan el acceso limitado a atención psicológica, estigmas que impiden pedir ayuda, entornos digitales que amplifican vulnerabilidad y desigualdades que generan desesperanza.

Es ahí donde los gobiernos comienzan a ver el suicidio como política pública. El suicidio aparece cuando la identidad se fragmenta, las redes sociales crean espejos distorsionados y la comunidad se debilita y presenta menos vínculos, menos contención y más aislamiento.

El suicidio se previene con sentido. Con significado, pertenencia y futuro. Con adultos que escuchan, escuelas que acompañan, comunidades que sostienen. Con un mundo que les dice, sin palabras: quédate.

 


© 2024 Grupo Transmedia La Chispa. Todos los derechos reservados

Scroll To Top