Partidos sin bases
En México los partidos nacen como reacción ante el avance del progresismo, no como respuesta reflexiva o consenso popular, sino como contraparte de algo o de alguien siempre con la anuencia del gobierno del vecino del norte, a excepción de Morena. De ahí sus obsesivos amagos arancelarios y judiciales, que sólo obedecen a la falta de obediencia y no a poner orden o hacer justicia, simplemente presionar para imponer sumisión.
Todo movimiento político debe tener como antecedente una lucha social, y la derecha en México no tiene ese antecedente, podemos ver el origen el PAN o de Somos MX, que surgen de necesidades prácticamente individuales, con un desarrollo partidista alejado de la población.
En México primero surgió la necesidad de arrebatar del poder las pertenencias de una oligarquía que considera aún que los privilegios son parte de su patrimonio, de ahí la permanente necesidad de detener el avance popular.
Es el propio PRIy sus antecedentes el que llega ante la necesidad de formar el entonces PNR también respondía a la necesidad de limitar el poder de los caudillos y establecer un mecanismo civilizado para la transferencia del poder.
El PRI recién nacido fue moldeado por lineamientos de Estados Unidos, que en ese entonces conformaba la totalidad del ámbito internacional; es decir, el resto del mundo era sólo el país vecino.
La promesa de inversión condicionaba el estilo de gobernar México, y manipulaba a los mandatarios mexicanos.
La creación de un partido único agradó a Estados Unidos, ante la invitación de que México tuviera sólo dos partidos como ellos y consolidar una “democracia” bipartita, que, en el fondo fueran lo mismo.
El PAN, ve la luz a finales de los 30 para detener el avance de algo que llamaban, inexplicablemente socialismo, ante la expropiación de la industria petrolera, la creación del Instituto Politécnico Nacional, ahora olvidado por la 4T, la reforma agraria, la educación laica y gratuita, entre otras.
A pesar de las huelgas orquestadas de manera artificial por el clero y los empresarios no pudieron vencer las disposiciones de El Tata, y se vieron obligado crear el PAN.
El 1 de abril de 1946, la Secretaría de Gobernación otorgó el registro a tres partidos políticos: Partido Acción Nacional, Partido Revolucionario Institucional y Partido Democrático Mexicano, este último creado ese año, como escisión del PRI, encabezado por Esequiel padilla fanático católico que terminan por desaparecer ese partido al año de haber sido dada de alta como tal.
A pesar de los intentos cotidianos del vecino del norte por moldear, a su antojo, la política y la economía de México, se le han pasado ocho años de infructuoso trabajo de convencimiento a base de presiones económicas, políticas y, sobre todo, judiciales.
El muro no lo construyó Trump en la frontera, lo erigió México contra Trump, frente a la intención de encontrar en Morena un partido proclive a los lineamientos de su democracia primitiva y en los presidentes de su partido, sumisos siervos que permitan el saqueo como ahora lo conceden Abelardo de la Spriella, Milei, Kast, Noboa, Meza, Fujimori, entre otros despatriados.
Estados Unidos no sabe qué hacer con un vecino con una posición que rompe la tradición de sumisión y obediencia ciega. Su política es el túnel del tiempo, donde sólo se viaja al pasado.
Los partidos sin origen popular son clasistas, dentro y fuera de su estructura y ante el panorama política nacional, muestran una seria improvisación que los condena a perder el registro ante una sociedad cada día más politizada.
