Morena deja a Inzunza sin bancada ni poder
Senador conserva el escaño, pero pierde bancada, comisión e influencia ante la presión política por señalamientos que lo rodean
La permanencia de Enrique Inzunza en el Senado terminó por convertirse en un nuevo frente de tensión dentro de Morena. Tras negarse a solicitar licencia para separarse temporalmente del cargo, el legislador quedó fuera del grupo parlamentario morenista y perdió posiciones de influencia que hasta ahora le habían permitido desempeñar un papel relevante en la Cámara alta.
La decisión representa un fuerte golpe político para quien había sido identificado como uno de los principales operadores legislativos vinculados al grupo de Adán Augusto López Hernández. Inzunza conserva su escaño como senador de la República, pero deja de contar con el respaldo y la estructura de la bancada mayoritaria.
El conflicto escaló después de que, durante varios días, integrantes del grupo parlamentario le plantearan la posibilidad de solicitar licencia mientras se aclaraban los señalamientos que han colocado su nombre en el centro de la controversia. La petición coincidió con la postura expresada previamente por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien consideró pertinente que el senador se separara temporalmente del cargo mientras se revisaba la situación.
Inzunza decidió no hacerlo.
La negativa tuvo consecuencias inmediatas. Al quedar fuera de Morena en el Senado, también perdió la presidencia de la Comisión de Estudios Legislativos, una posición estratégica desde la cual había participado en el análisis y dictaminación de reformas impulsadas por el gobierno federal.
Con ello, el senador pasó de ocupar un espacio privilegiado dentro de la operación legislativa de Morena a desempeñarse como integrante sin grupo parlamentario, una condición que reduce considerablemente su capacidad de negociación, interlocución y participación en las decisiones internas de la Cámara.
Su aislamiento político, sin embargo, no surgió de manera repentina.
Desde abril comenzaron a circular versiones sobre una supuesta solicitud del Gobierno de Estados Unidos para detener a varios políticos sinaloenses, entre ellos Inzunza y el gobernador Rubén Rocha Moya, por presuntos vínculos con organizaciones delictivas. Hasta ahora, tales señalamientos han sido rechazados por los involucrados y forman parte de una controversia que ha generado presión política.
Posteriormente, una carta atribuida a Ismael “El Mayo” Zambada incorporó nuevamente los nombres de Inzunza y Rocha Moya al abordar los hechos relacionados con su captura y entrega, así como con el asesinato de Héctor Melesio Cuén. Los señalamientos contenidos en ese documento también han sido rechazados por los políticos mencionados.
La acumulación de estas controversias terminó por colocar al senador en una situación cada vez más incómoda dentro de Morena.
En las semanas posteriores, su presencia en actividades legislativas se redujo y, aunque permaneció en la Comisión Permanente, su participación dejó de tener el mismo peso político. Incluso se registró un episodio en el que solicitó licencia durante algunas horas antes de reincorporarse.
El punto de quiebre llegó con la reunión de la bancada morenista de este fin de semana. Inzunza confirmó su intención de acudir al encuentro, en momentos particularmente delicados para el partido por la situación política de Sinaloa y el regreso temporal de Rocha Moya a sus actividades como gobernador.
La determinación de Inzunza de mantenerse en el cargo terminó así por desencadenar una definición interna: Morena optó por retirar su respaldo parlamentario antes que permitir que la disputa se profundizara dentro del grupo.
El caso exhibe además el nuevo criterio político que comienza a imponerse dentro de la bancada oficialista: ante investigaciones, acusaciones o controversias que puedan comprometer la imagen del movimiento, la presión para que los legisladores se separen temporalmente de sus funciones puede convertirse en una condición para conservar el respaldo partidista.
Inzunza decidió resistir esa presión y mantener su escaño.
Ahora deberá ejercerlo sin bancada, sin la comisión que encabezaba y sin el nivel de influencia que hasta hace pocos meses lo colocaba entre los senadores con mayor peso dentro de Morena.
La decisión no significa que haya perdido su cargo de elección popular, pero sí marca un profundo cambio en su posición política. De ser uno de los operadores jurídicos y legislativos del oficialismo, pasó a enfrentar su futuro parlamentario prácticamente en solitario, mientras continúan las controversias y los señalamientos que detonaron su ruptura con la bancada.
