La imprudencia de Rubén Rocha Moya y el golpe sobre la mesa de Claudia Sheinbaum Pardo.
El poder no se comparte, cuando está en juego el destino de una nación.
La historia nos ha enseñado que un expresidente, por muy poderoso que sea, no puede suplantar, ni controlar ni tampoco reconvenir a su sucesor. No hay poder tras el trono. Así de simple. Plutarco Elías Calles fue en su momento desterrado del país por Lázaro Cárdenas del Río; José López Portillo mandó de embajador a Luis Echeverría Álvarez a la Polinesia; Ernesto Zedillo Ponce de León obligó a que Carlos Salinas de Gortari se fuera a vivir a Europa y Andrés Manuel López Obrador acordó que no perseguiría a Enrique Peña Nieto que se fue a radicar durante todo el sexenio a España.
Ahora, Claudia Sheinbaum Pardo, la primera mujer en asumir la presidencia de la República en la historia de México y con el mayor numero de votos, ha sido más que generosa con su antecesor. Sin embargo, puede ser que eso ya haya llegado a un límite.
Los escandalosos casos de corrupción heredados de la administración de López Obrador y que incluyen a sus hijos, las rebeliones internas de morenistas en su contra fomentadas y motivadas por el círculo cercano al tabasqueño y, ahora, las presiones del gobierno de Estados Unidos en contra de los narco-políticos de Morena que se han ligado a las organizaciones del crimen organizado y que los vecinos del norte ya consideraron como grupos “terroristas”, obligan a asumir otra postura.
Y esto sucede en momentos en los que el gobierno de Estados Unidos elogia el trabajo del secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, quien aún no termina de desmantelar al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y cuando Marcelo Ebrard Casaubón logra importantes avances ante la inminencia de una nueva ronda de negociaciones del TMEC, cuando Claudia Sheinbaum Pardo se ve sorprendida por Rubén Rocha Moya, quien sin consultar a la propia presidenta ni a los mandos políticos de Morena en el Congreso de la Unión ni a la nueva dirigencia de su partido, decidió reaparecer en el escenario y reasumir la gobernatura del Sinaloa, solamente por unas cuantas horas.
Claudia Sheinbaum Pardo no sólo dio un golpe sobre la mesa, sino que ayer en la mañana dio un mensaje muy claro: “No estoy de acuerdo con lo que hizo de regresar al gobierno, lo manifesté. Me pareció —lo menos por decir— imprudente, porque no es un asunto personal. Eso es un asunto del gobierno de Sinaloa, de los sinaloenses. O sea, ¿qué necesidad? Y que genera… O sea, ¿qué necesidad, pues, de regresar?, ¿que…? Nada. Nadie puede estar encima por los intereses del pueblo de Sinaloa y del pueblo de México. Entonces, me pareció imprudente su decisión.
“Yo soy presidenta de todas y todos los mexicanos, esa es mi función. Y también represento un proyecto de nación, porque evidentemente aquellos que no votaron por mí, pues también soy presidenta de todos los que no votaron por mí”. Más claro ni el agua. Y añadió: “Ningún interés personal, incluso por más legítimo que sea, está por encima del interés general. Eso es lo que yo pienso y eso es lo que creo que debemos asumir todas y todos los mexicanos que participamos en política, pero en particular aquellos que forman parte del movimiento de Transformación.
Y aunque ha sido muy complaciente y hasta generosa con estos traidores, aunque no lo diga públicamente, ya hay un rompimiento con López Obrador. Porque el episodio de Andy López Beltrán y su estúpida actitud soberbia apenas comienza y la detención del abogado Fausto Ernesto Corrales, ocurrida en Polanco, en la ciudad de México, identificado como testigo clave en el asesinato del exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), Héctor Melesio Cuén Ojeda, y el secuestro del narcotraficante, Ismael El Mayo Zambada, integrante del Cartel de Sinaloa, el 25 de julio de 2024, terminará de hundir a Rocha Moya.
La indagatoria judicial establece que el exrector fue asesinado ese día en la Finca Huertos del Pedregal, en Sinaloa y no en un intento de asalto en una gasolinería, como habría informado la fiscal general del estado, Sara Bruna Quiñónez. Su primera hipótesis oficial fue que Héctor Melesio Cuén murió en un intento de robo en una gasolinera de Culiacán. Esa versión se difundió al día siguiente del crimen, con el aval de la entonces fiscal del estado. Sin embargo, Sara Bruna Quiñónez Estrada renunció al cargo el 15 de agosto de 2024, un día después de que la fiscalía general de la República (FGR) presentó las inconsistencias en la investigación de manera pública.
El 21 de agosto la Corte Federal del Distrito Norte de Illinois, en Chicago, la juez Sharon Johnson Coleman que lleva el caso de Joaquín Guzmán López, “El Güero”, hijo de “El Chapo” Guzmán, anunció que la audiencia para dictar su sentencia se pospone hasta el primero de marzo de 2027, ya que el acusado ha decidido colaborar con la fiscalía.
También, falta por ver si es que regresa al Senado, Enrique Inzunza Cázarez, quien anunció su regreso e informó que acudirá a la reunión plenaria de Morena el 30 de agosto y, posteriormente retomará presencialmente las sesiones del periodo ordinario, que comienza el primero de septiembre.
Otro asunto, no menor, es el relacionado con el contralmirante Fernando Farías Laguna que fue expulsado de Argentina. Está preso en el penal del altiplano junto con su hermano Manuel Roberto, relacionados con el escandaloso caso del huachicol fiscal en el que han sido asesinadas varias personas entre funcionarios navales, fiscales y empresarios. Ninguno de los mandos superiores a los Farías Laguna en la Marina, en las Aduanas y en Pemex, citados en las declaraciones de detenidos y testigos protegidos, incluyendo a Andy López Beltrán y Adán Augusto López, ha sido citado siquiera a declarar. Pero el hijo de López Obrador y sus socios ya no podrán ser protegidos porque muchos de los involucrados en esta red, se fueron a Estados Unidos y se entregaron como testigos protegidos y colaboradores. Puf cuánta pus…
