Campeón espurio

Obsesionados por el tricampeonato, y con la oportunidad de tener por tercer año consecutivo al campeón de bateo, los Diablos Rojos utilizaron sus malas artes para que se coronara Juan Carlos Gamboa como campeón de bateo con .371 superando a Harold Ramírez, por cuatro milésimas, siguiendo los pasos de Robinson Canó y Carlos Sepúlveda, campeones en los años anteriores.

Lo cuestionable para este logro fue una misteriosa llamada telefónica que hizo que el anotador de Cancún, cambiara un batazo que había sido marcado como error, se convirtiera en un hit, por arte de magia, que le dio el campeonato

Y como su manager Lorenzo Bundy lo descansó en el último juego, mantuvo la ventaja sobre el colombiano. Y que ya dio origen a playeras conmemorativas.

El mochiteco de 35 años jugó 83 partidos durante los cuales conectó 106 hits de los cuáles 14 fueron dobles, dos triples y 11 cuadrangulares que impulsaron 76 carreras.

Curiosamente un año antes tuvo un mejor promedio de bateo con .376.

El apodado Haper, nombrado capitán del equipo con todo merecimiento, ha jugado durante 15 temporadas con los escarlatas y solamente en tres temporadas no ha alcanzado la cifra mágica, estando a dos cuadrangulares del selecto club de los 100.

Sintomáticamente obtuve el campeonato bateando como noveno en el orden, lo que es una ventaja, pues es en teoría el puesto al que menos importancia da el lanzador.

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Es el onceavo demonio en conseguir el campeonato y apenas en el segundo nacional en conseguirlo.

Como dato anecdótico nos hizo recordar a Francisco Javier Noriega, un sonorense que perdió el campeonato de bateo de 1976 por dos milésimas, pero que bateaba de manera extraña.

Lo compraron los Tigres con la esperanza de “enseñarlo a batear correctamente”, y cuando lo hizo apenas promedio .214


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