Textiles mexicanos tejen memoria, identidad y futuro
El Concurso Nacional de Textiles premió obras que recuperan técnicas ancestrales, fortalecen comunidades y reivindican el valor económico artesanal.
La preservación de los conocimientos ancestrales, la recuperación de iconografías en riesgo de desaparecer y la transmisión de técnicas entre generaciones marcaron la XIV Edición del Concurso Nacional de Textiles 2026, en la que artesanas y artesanos de 21 entidades fueron reconocidos por mantener viva una de las expresiones culturales más representativas de México.
La ceremonia de premiación, organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart), se realizó en el Museo Textil de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos (MUT), donde se destacó que cada pieza representa no sólo un trabajo creativo, sino también la memoria, la historia y la identidad de las comunidades.
En esta edición participaron 334 obras, incluida una creación colaborativa, elaboradas por 295 mujeres y 39 hombres pertenecientes a 17 pueblos originarios: amuzgo, ayuujk, chontal de Tabasco, mazateco, mazahua, maya, mixteco, nahua, purépecha, rarámuri, teenek, tepehuano del sur, tseltal, tsotsil, wixárika, zapoteco y zoque.
El certamen contó con una bolsa de premios de 842 mil pesos, distribuida en 44 reconocimientos, entre ellos el Galardón Nacional de Textil, tres premios especiales, cuatro menciones honoríficas, un premio a obra colaborativa y galardones en las distintas categorías.
Las piezas fueron evaluadas por especialistas en arte popular y patrimonio cultural material e inmaterial, quienes consideraron aspectos como calidad técnica, creatividad, originalidad, preservación de los métodos tradicionales y valor cultural.
El máximo reconocimiento fue otorgado a Cecilia Gómez Díaz, originaria de San Andrés Larráinzar, Chiapas, por su obra Kélul. Catálogo, resultado de siete años de investigación y recuperación de antiguos diseños textiles de su comunidad.
La pieza, de 4.5 metros de longitud, reúne iconografías que habían dejado de utilizarse debido a la complejidad de sus patrones y al tiempo que requiere su elaboración. Para reconstruirlas, la maestra textilera documentó diseños locales y consultó acervos museísticos en San Cristóbal de las Casas y Ciudad de México.
Posteriormente, trasladó las figuras a papel milimétrico para recuperar sus patrones y llevarlos al telar de cintura, mediante técnicas que estaban cerca de desaparecer.
“Seleccioné los más antiguos, que ya no se ven mucho en las piezas que vendemos, porque son contadas muy finas y eso conlleva mucho tiempo de elaboración”, explicó Gómez Díaz, quien emprendió la investigación ante el riesgo de que esos conocimientos dejaran de transmitirse.
La obra fue elaborada con algodón, lana y seda, además de tintes naturales obtenidos de plantas y materiales como palo de Campeche, añil, barba de león, palo de mula, yerba dulce, pericón, palo de Brasil, grana cochinilla, muicle, achiote, sekaro y liquen.
Durante la ceremonia, la subsecretaria de Desarrollo Cultural, Marina Núñez Bespalova, resaltó que el trabajo de la artesana trasciende la producción comercial, pues representa un esfuerzo de conservación cultural.
Reconocen siete años de investigación y rescate cultural
“No es que haya hecho una pieza para vender, hizo una pieza para conservar y eso es muy, muy importante”, afirmó.
La funcionaria también llamó a reconocer el valor económico del trabajo artesanal y reiteró la importancia de evitar el regateo, al considerar que detrás de cada textil existen conocimientos acumulados, largos procesos de elaboración y una inversión considerable de tiempo.
Por su parte, la directora general de Fonart, Sonya Santos Garza, destacó que los textiles son depositarios de la memoria colectiva y conservan los colores, las historias y las experiencias de cada región.
“Los textiles no solamente abrigan el cuerpo, abrigan la memoria de un pueblo”, señaló al reconocer que las piezas reflejan la creatividad y la continuidad cultural de las comunidades.
La premiación también evidenció que la preservación de las técnicas depende de la transmisión de conocimientos entre generaciones.
Mariela Vázquez González, originaria de Venustiano Carranza, Chiapas, obtuvo el tercer lugar con Sagrado manto de mi pueblo, un huipil elaborado durante ocho meses en telar de cintura.
La artesana aprendió a tejer a los ocho años con su abuela y actualmente comparte sus conocimientos con 22 niñas y niños que integran un Semillero Creativo, donde las nuevas generaciones se acercan a las técnicas tradicionales.
Otro de los reconocidos fue Jesús J. Lucas Álvarez, de Aranza, Paracho, Michoacán, quien obtuvo el primer lugar en la categoría de rebozos de fibras vegetales. Lleva 23 años trabajando en telar de cintura, técnica que aprendió de su esposa y que ahora también practican su hijo y un sobrino.
En la ceremonia se entregaron tres premios especiales. Porfiria Gómez Reyna, artesana amuzga de Guerrero, fue reconocida por la mejor obra en técnica, material y aplicación de tintes naturales; María Rekalachi Ariceachi, rarámuri de Chihuahua, recibió el premio a la mejor obra tradicional de rescate antiguo, y María de Jesús Arévalo Hernández, de Michoacán, fue distinguida por la mejor obra de innovación y diseño con tradición.
La relación entre el arte textil y el entorno natural también estuvo presente entre las obras galardonadas.
Leticia Ramos de Jesús, de Hueyapan, Puebla, obtuvo una mención honorífica con Equilibrio, pieza que plantea la importancia de conservar los ecosistemas y las especies vegetales que proporcionan materias primas para la elaboración de textiles.
Los ciclos de la naturaleza también determinan los tiempos de producción. Yuriria Flores Domínguez, de Hueyapan, Morelos, necesitó alrededor de seis meses para elaborar Nocheztli, un gabán teñido con nogal y pericón, materiales que deben recolectarse en temporadas específicas.
Las obras premiadas permanecerán expuestas durante agosto en el Museo Textil de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos, donde el público podrá conocer la diversidad de técnicas, materiales, diseños e iconografías que conforman el patrimonio textil mexicano.
A 14 años de su creación, el Concurso Nacional de Textiles se consolida como una plataforma para reconocer la excelencia artesanal y fortalecer la continuidad de conocimientos que, además de generar identidad y sustento económico, mantienen vivas las historias de los pueblos.
La edición 2026 dejó claro que conservar un textil no significa únicamente proteger una pieza: implica preservar lenguajes, símbolos, técnicas y memorias que han pasado de generación en generación y que hoy encuentran nuevos espacios para ser reconocidos, valorados y difundidos.
