Transformación costera amenaza supervivencia de cacerolitas marinas en México

Especialistas alertan que pérdida de hábitat, contaminación y desarrollo costero aceleran el riesgo de extinción de la cacerolita de mar

 

La acelerada transformación de los ecosistemas costeros de la península de Yucatán representa una de las principales amenazas para la supervivencia de la cacerolita de mar (Limulus polyphemus), especie catalogada en peligro de extinción en México y considerada un organismo clave para el equilibrio ambiental de la región.

Aunque este antiguo artrópodo habita desde hace miles de años las costas de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, especialistas advierten que la pérdida de hábitat, el crecimiento urbano, el desarrollo turístico e industrial, la contaminación y diversas actividades humanas han incrementado la presión sobre sus poblaciones, cuya abundancia es mucho menor que la registrada en la costa este de Estados Unidos.

La distribución de la especie abarca desde la margen oriental de la Laguna de Términos hasta las bahías de la Ascensión y del Espíritu Santo, donde encuentra condiciones ideales para alimentarse, reproducirse y completar su ciclo de vida. Estos organismos dependen de ecosistemas como lagunas costeras, bahías, manglares, arrecifes y praderas de pastos marinos, ambientes que les proporcionan refugio y alimento.

Los fondos arenosos y lodosos de estos sitios albergan una gran diversidad de invertebrados, incluidos moluscos, crustáceos, gusanos y otros organismos que forman parte de su dieta durante las distintas etapas de desarrollo.

Los primeros registros históricos de la cacerolita de mar en México se remontan al siglo XVI, cuando fray Diego de Landa documentó el nombre maya mex, utilizado todavía en algunas comunidades de la península. Posteriormente, naturalistas y arqueólogos del siglo XIX describieron la abundancia de estos organismos en sitios como la Laguna de Términos y Dzilam de Bravo, evidenciando su estrecha relación con la cultura y el conocimiento tradicional de los pueblos mayas.

El estudio científico de la especie tomó impulso a partir de la década de 1960 gracias al trabajo del doctor Samuel Gómez Aguirre, investigador de la UNAM, quien dedicó más de cuatro décadas a documentar su biología, distribución y ecología. Sus investigaciones fueron determinantes para que, desde 1994, la cacerolita de mar fuera incluida en la Norma Oficial Mexicana NOM-059 como especie en peligro de extinción.

Además de impulsar estudios sobre sus poblaciones, Gómez Aguirre fue uno de los primeros científicos en advertir que el desarrollo costero estaba deteriorando los hábitats de la especie mediante la construcción de puertos, complejos turísticos, ciudades, infraestructura industrial, actividades petroleras y contaminación.

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Actualmente, universidades, centros de investigación y organizaciones civiles desarrollan proyectos sobre genética, salud, monitoreo poblacional, educación ambiental y efectos de las actividades humanas, incluida la pesca de pulpo, para comprender mejor el estado de conservación de la especie.

Los especialistas coinciden en que, aunque gran parte de su distribución se encuentra dentro de áreas naturales protegidas, las poblaciones continúan disminuyendo. Habitantes de comunidades costeras también reportan que cada vez es menos frecuente observar ejemplares, situación que atribuyen a la pesca furtiva y a la degradación de los ecosistemas.

Ante este panorama, investigadores subrayan que la conservación de la cacerolita de mar requiere combinar el conocimiento científico con los saberes tradicionales de las comunidades pesqueras, fortalecer la educación ambiental y promover estrategias que permitan proteger los manglares, lagunas y demás ecosistemas de los que depende esta especie considerada un auténtico fósil viviente.


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