LA COPA MUNDIAL DE LA FIFA: NEGOCIO Y POLÍTICA. HOY TRUMP, ANTES MUSSOLINI Y DICTADURAS

Convertido en el circo más grande del mundo, el futbol no es solo un simple deporte, significa también poder político y un negocio global en el que la FIFA se lleva la mejor parte sin dejar de repartir migajas millonarias a gran variedad de empresas y a los gobiernos seleccionados para ser sede de la contienda entre naciones futboleras
El país que se lleve la copa importa menos que el interés de dominio geopolítico obtenido por Donald Trump y los Estados Unidos. En este sentido, Canadá y México fueron utilizados de comparsas por Giovanni Infantino, quien tomó las riendas de la poderosa organización tras el escandaloso FIFAGATE –gigantesca corrupción–, descubierto por el FBI en 2015.
Por supuesto, las emociones que despierta la competencia pesan mucho: crecen con cada torneo y nunca aburren. Más aún ahora que son 48 países los que han participado con la exhibición de jugadas espectaculares de sus estrellas y los extraordinarios goles anotados. Aunque algunos encuentros queden bajo sospecha como el de Argentina contra Egipto o en extensiones de una confrontación más allá de la cancha en el caso de México y Ecuador.
Los fanáticos sufren y gozan con los resultados y conforme van quedando los mejores, salen a las calles y se concentran alrededor de monumentos icónicos, ebrios de felicidad y alejados momentáneamente de las preocupaciones que apesadumbran a la mayoría casi todo el año, con excepción de temporadas como la actual que duran alrededor de 40 días que nos alejan de la delirante realidad cotidiana.
La razón se encuentra en que el futbol está en todos los continentes. Las cifras dicen que tiene como 3,500 millones de seguidores y más de 250 millones de jugadores afiliados en 200 países. Sin embargo, el famoso deporte siempre ha sido instrumento de poder político.
No se olvida que en 1934 la Copa de la FIFA fue organizada por la Italia fascista de Benito Mussolini para proyectar una imagen de fuerza y unidad. Tampoco1978, cuando mientras miles de opositores eran encarcelados (detalla el politólogo Marco Alves), torturados y desaparecían bajo la dictadura militar argentina, el régimen utilizaba el éxito de la selección nacional como mecanismo de consenso interno y neutralización de las críticas internacionales.
Los ejemplos del futbol y la política abundan. Se puede asegurar que se magnifican cada cuatro años. La Copa Mundial de 2022 representó el ascenso de los Estados del Golfo con Catar como país protagonista. Ahora, aunque hay tres países sedes, le tocó al imperio gringo aprovechar el gran poder que representan en el fondo los múltiples mensajes que se envían a través del emblemático redondo balón.
Prueba de ello es la imagen de Infantino entregando a Trump una especie de “premio mundial de la paz”, cuando el estadounidense ha desatado guerras en varias partes del planeta, aunque a veces salga derrotado como se Ha interpretado el caso de Irán.
Hoy se ha transparentado que en cada Mundial de la FIFA se juega mucho más que futbol. Se disputan narrativas, prestigio internacional y posiciones de poder blando. En esta edición, México emergió como gran protagonista dentro de la tri-sede norteamericana, no solo por su tradición futbolística, sino por su capacidad organizativa, su peso cultural y su papel histórico en la construcción del futbol en la región.
Es la única nación que ha organizado tres Copas del Mundo. Sus estadios —como el Estadio Azteca donde se vio coronarse a Pelé y a Maradona— son templos globales del futbol, escenarios de momentos icónicos. La afición mexicana es reconocida como una de las más numerosas y vibrantes del planeta. En términos geopolíticos, esto convirtió a México en el ancla cultural del Mundial, el país que dio sentido futbolístico a las tres sedes.
Cierto que en la CDMX la remodelación del Metro no estuvo a tiempo, que la CNTE obstaculizó al pretender boicotear el evento, que Tláloc se encabronó y desató tormentas, que hubo cuatro fallecidos durante los festejos al derrotar México a Ecuador, que años antes allanó nuestra embajada, que la FIFA, con sus escandalosos precios, calificó a millones de mexicanos de “segunda”. Pese a todo, deportivamente la selección mexicana hizo historia.
Nada que ver con el trato gringo al equipo iraní al ordenarle ni con el trato infame que recibieron turistas que sufrieron el acoso de la policía migratoria.
En términos de poder blando, México ha sido el rostro futbolístico del Mundial y Estados Unidos el villano que se agandalló política y comercialmente del evento.

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