Hay delitos peores
La escala de valores en México fue transformada, paulatinamente pero de manera contundente a grado tal que para la derecha es peor un cómplice de narcotraficante que una traición a la patria, aún cuando la responsabilidad ha sido comprobada.
Últimamente la patria y la soberanía ha sido atacada, porque son, precisamente, conceptos que defiende el actual gobierno, hasta vino una mujer que se autodenomina parte de la nobleza española a dar clases de soberanía, impactando en las mentes más vulnerables de algunos mexicanos poco informados.
La derecha, acompañada en todo momento por la sombra de Trump, quiere elevar a rango de problema nacional el narcotráfico. Según ellos, y Trump lo repite hasta el cansancio, no hay territorio de nuestro país que no esté en manos del crimen organizado. Algunos mexicanos lo creen.
En realidad, el mundo cambia y la inseguridad es un problema mundial al que deberían adaptarse muchos que nostálgicos del pasado siguen el juego a los conservadores quienes quieren recuperar lo que consideraron propio, con la insistencia de combatir la inseguridad.
La inseguridad se convierte en el refugio de la derecha que utiliza como cuartel para reactivar la la guerra por la apropiación del poder, a través de la violencia. Así, los valores en México no sólo se vulneran sino que se vuelven mutantes.
A Estados Unidos y a la derecha mexicana les urge imponer criterios donde la soberanía no es nada mientras haya delitos que perseguir, sobre todo los que ponen en peligro la vida de los ciudadanos, como si la historia del crimen en el mundo, existiera sólo en México.
Sólo algunos advierten que colocar al narcotráfico sobre la soberanía y vincularlos uno con otro, al puro estilo vaquero del oeste, es una idea para debilitar a México, a su gobierno, a sus líderes y a su pueblo. Acercar siquiera la soberanía a la inseguridad es una maniobra que se diseña para construir puentes para concretar la injerencia, no se trata de solucionar un problema sacrificando un valor inquebrantable sino de combatir la delincuencia con la cooperación de una potencia que tiene como antecedente haber invadido militarmente nuestro territorio, por lo menos dos veces.
Hay delitos que cuentan más muertes y ni siquiera se llaman ilícitos, sus perpetradores viven en la impunidad y algunos con lujos gracias a esos crímenes.
Hay columnistas en México que han provocado la muerte de más mexicanos que el crimen organizado y siguen teniendo espacios y manipulando a su auditorio y nadie dice nada.
El simple hecho de ser premiados desde el gobierno federal con dinero del sector Salud, es decir el IMSS y el ISSSTE, nos habla de que ese dinero dejó de atender a cientos, tal vez miles de enfermos, incluyendo niños con cáncer. Otros personajes impunes son los implicados en el sobreprecios de medicamentos, con lo que se enriquecían en lo personal y siguien libres como los empresarios, José Antonio Pérez Fayad, de Farmacias San Pablo, consentido por los contratos del sexenio de Peña Nieto; Gerardo Morán de CPI, Alejandro Álvarez de DIMESA, Carlos Arenas de Maypo, Alberto Ramírez de Aguilar de Ralca que ganó con Peña Nieto 15 mil millones de pesos al año sólo con el Gobierno, y Humberto Tello Alvarado de Pentamed.
Pero hay culpables doblemente criminales, los servidores públicos Roberto Madrazo, propietario de Latinus, a su hijo, Federico Madrazo Rojas, y su yerno, Alexis Nickin Gaxiola, pero también su hija, Ximena Madrazo Rojas; María Fernanda Rodríguez Luengas, esposa de Federico Madrazo, y los hermanos de Alexis: Michel, Harvey y Morrey.
Cada funcionario público del PRI contaba con su propia comercializadora, intermediaria que encarecía medicamentos, por ejemplo: Grupo Fármacos Especializados, SA de CV, ligado a Manlio Fabio Beltrones. Distr. Inter. de Medicinas y Eq. Médicos, SA, de Miguel Osorio Chong. Farmacéuticos Mayp. SA de CV, de Roberto Madrazo. Farm. Rack, SA de CV, de Emilio Gamboa.
En México el principal problema no es el narcotráfico como quiere hacerlo parecer Trump, cualquiera de los ex funcionarios ha matado más personas que un sicario, pero los cambios de mora, la responsabilidad, la perpetración de un delito y su castigo, han sido trasladados al campo de la impunidad y, de ahí, a la criminal inocencia de la mutación de valores humanos.
