Saga jugueteril

Cuando John Lasseter dirigió hace 21 años la primera entrega de Toy Story para los estudios Pixar, no estaba consciente de que había comenzado la saga animada más exitosa de la historia.

Tom Hanks prestaba su voz al vaquero Woody , que tenía que vérselas con el astronauta Buzz Lighyear Tim Allen, por la preferencia de su pequeño dueño Andy.

Para su secuela cuatro años después Lasseter requirió de la ayuda de Ash Brannon y Lee Unkrich, para contar el secuestro de Woody por un coleccionista de juguetes y su posterior rescate.

En la tercera entrega dirigida en 2010 por Lee Unkrich, los juguetes terminan en una guardería, cuando Andy parte para la universidad y Woody debe convencer a los juguetes a regresar a casa.

Pasarían nueve años para que John Cooley retomara la saga contando la historia de un nuevo y sencillo juguete llamado Forky (Tony Hale).

Para la versión actual dirigida y escrita por Andrew Stanton y McKenna Harris muestra la modernización de la juguetería, con Bonnie (Scarlett Spears), cayendo en brazos de la tablet Lilypad (Greta Lee), desechando a los juguetes comunes.

Resulta bastante divertido ver el envejecimiento de algunos de los juguetes como Woody, que ya ostenta una calvicie no tan prematura.

Estamos ante una saga en la que han predominado la inteligencia y la sensibilidad sobre los fines comerciales.

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Se trata de alentar la imaginación sobre la tecnología y la inteligencia sobre el mercantilismo.

Gracias a la saga de Toy story, los adultos recordarán su niñez y revalidarán sus juguetes como algo más que una moda vintage.

 


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