Iztapalapa pone a prueba su capacidad operativa en evento masivo: más de 2.8 millones de asistentes y saldo blanco
Más allá de su profundo significado religioso, la edición 183 de la tradicional representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en se consolidó como un ejercicio de logística urbana de gran escala, al congregar a 2 millones 848 mil 690 personas sin incidentes mayores.
El evento, reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, implicó un despliegue coordinado pocas veces visto a nivel local. Más de 2 mil 200 servidores públicos y hasta 9 mil elementos de seguridad fueron movilizados en distintos momentos para resguardar los 8.7 kilómetros del recorrido que atraviesa los ocho barrios tradicionales de la demarcación.
Uno de los aspectos clave fue la prevención. En los días previos, autoridades incautaron más de 10 mil litros de alcohol, acción que buscó reducir riesgos durante las celebraciones multitudinarias. Este decomiso, además, tendrá un segundo uso, ya que será donado a la UMA para la producción de combustible.
En paralelo, la atención a los asistentes se convirtió en otro eje central. Durante las jornadas, se distribuyeron servicios de hidratación a 249 mil 400 personas, mientras que brigadas médicas realizaron 10 mil 892 atenciones, todas menores. Para ello, se contó con un equipo de 320 profesionales de la salud desplegados estratégicamente a lo largo de la ruta.
La dimensión del evento también se reflejó en la inversión pública. Con un presupuesto de 22 millones de pesos, se realizaron mejoras en infraestructura urbana como pintura de fachadas, instalación de luminarias y rehabilitación de banquetas. Estas acciones no solo respondieron a las necesidades del evento, sino que dejaron beneficios permanentes para la comunidad. A ello se sumaron actividades culturales paralelas, como exposiciones y la edición de un libro conmemorativo en el Museo de las Culturas de Iztapalapa.
En el plano comunitario, la representación mantuvo su esencia participativa: más de 5 mil 600 personas —entre actores, nazarenos y músicos— dieron vida a una de las tradiciones más emblemáticas del país, reforzando su identidad colectiva y proyección internacional.
Autoridades subrayaron que el saldo blanco es resultado de meses de planeación y coordinación interinstitucional, con vigilancia permanente desde el Domingo de Ramos y la operación de un puesto de mando que permitió supervisar en tiempo real cada fase del evento.
Concluida esta edición, la alcaldía adelantó que ya se iniciaron los preparativos para la representación número 184, con el reto de mantener los estándares de organización y seguridad que exige uno de los eventos religiosos más multitudinarios de México.
