El sarampión conservador
La falta de argumentos para cuestionar a la actual administración, convierte en problemas como fenómenos naturales o pandemias, es responsabilidad de los presidentes de la transformación.
La compra de camionetas blindadas, limpiar un zapato del presidente de la Suprema Corte, los delirios de Trump, la ayuda humanitaria a Cuba, no alcanzan la categoría de problemas coyunturales que la oposición quiere convertir en estructurales.
Los robos del pasado no tienen comparación con las corruptelas del presente, no por eso deben quedar impunes, porque entonces sería repetir los vicios y detener la historia.
La derecha ha convertido el discurso en moneda de cambio, en cheque en blanco. Así empezó a utilizarlo precisamente el expresidente panista Calderón, quien hasta la fecha no ha dejado de difundir declaraciones con cualquier pretexto.
Anteriormente los ex presidentes de la República guardaban un silencio sepulcral, probablemente como parte de un acuerdo tácito que intercambiaba silencio para que el sucesor le cuidara las espaldas.
Para los conservadores el discurso se convirtió en un fin en sí mismo, lo han sustituido por el debate y mientras más agresividad contenga tienen cubierta la práctica de la política.
El lenguaje dejó de ser un medio para la derecha en todo el mundo para convertirse en un fin en sí mismo, ya no es el instrumento para dar a conocer sus ideas, sino que el discurso es su ideología, su programa de acción.
Convierten parte de la teoría, que es el lenguaje, en su práctica aparente porque esconde su objetivo, obtener el poder sin votos, sólo por la fuerza de la violencia verbal que convoca intervenciones e injerencias porque se han rendido ante la aplastante mayoría que los rechaza en las urnas.
Así Calderón rompió el acuerdo de silencio para justificar sus delitos y así, en lugar de ser juzgado como un criminal quiso que lo juzgaran como un disidente, rebelde y democrático. Es decir, utilizó las declaraciones como fuero para blindarse de la cárcel. Sigue con la verborrea, aunque nada tenga qué decir, como es el caso de afirmar que el sarampión pudo haberse evitado, como si los sismos pudieran evitarse.
La cancelación de las campañas de vacunación que canceló Peña Nieto, se le adjudicó, desde la oposición, a López Obrador, sólo para engañar a la gente. Lo de menos es que la población advierta que miente, lo importante es que los medios le dan espacio para decir mentiras, y con ello se gana el mote de disidente, lo cual garantiza su impunidad.
La derecha en lugar de recurrir a la historia, sigue las declaraciones de Calderón como si fuesen reales.
En lugar de que haya una oposición preocupada por la población, su principal obsesión es criticar la falta de vacunación, la responsabilidad de las autoridades sanitarias por no poder evitar su llegada.
Cuando gobernó De la Madrid regresaron enfermedades erradicadas a México, entre ellas la tuberculosis. En esa ocasión sí fue responsabilidad de recortes al sector Salud y, principalmente que se tomó dinero de ese sector para dárselo a los medios y sus escribanos.
Pero, como sucede con los adolescentes montoneros a la hora de la salida de la secundaria, recurren a sus porros, y el dipsómano recurre al fabricante de Bacardí, Salomón Chertorivski, quien señaló que en 2012 la cobertura contra el sarampión era de 98.8% en su primera dosis y 91.8% en la segunda. En ese año empezó a gobernar el priista Peña.
Desde luego cualquier referencia al sector Salud les remite obsesivamente, a López-Gatell, ex subsecretario de Salud, a quien adoptaron como el culpable de las muertes por pandemia, a pesar de que su estrategia fue reconocida en el mundo.
El sector Salud, fue considerada la caja chica del pago a chayote en tiempos del neoliberalismo, ahora es el epicentro de las críticas de la derecha, precisamente para ocultar que de ahí sacaron los recursos para que comentócratas vivan con lujos con dinero de los mexicanos.
El nado sincronizado de medios, donde da la pauta el ex presidente borracho, es seguida, por personajes tan deleznables como Manuel Añorve Baños, el alcalde de Acapulco que más defraudó esa administración, quien aseveró que México vive un retroceso alarmante en salud.
El PAN desde luego, no se queda atrás y en una muestra más de la política carroñera que caracteriza a la gente de ese partido, su senadora pluri Laura Esquivel Torres, presidenta de la Comisión de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia, denominó a los 17 niños muertos por sarampión, como “Niños 4T”, responsabilizó al gobierno de Morena por el brote y las muertes registradas por sarampión.
El nivel de la política de la oposición, que no contribuye a la salud del pueblo y en cambio, señala con discriminación y mentiras a quienes sí trabajan, muestra su decadencia a través de su muy singular forma de hacer “política”.
