El Papa León XIV llama a vencer la violencia con “la fuerza desarmante de la mansedumbre”
El Papa León XIV visitó este domingo la comunidad de Ostia y llamó a sus habitantes a no ceder ante la violencia ni la injusticia, proponiendo como respuesta “la fuerza desarmante de la mansedumbre”. El Pontífice presidió la Eucaristía en la Parroquia de Santa María Reina de la Paz, donde animó a los fieles a vivir el Evangelio con coherencia y compromiso concreto.
Un mensaje de esperanza en medio de realidades difíciles
En el VI domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre compartió la jornada con niños del catecismo, jóvenes, personas mayores, enfermos y voluntarios de Cáritas, antes de celebrar la Misa. En su homilía, centrada en el pasaje de Mateo (cf. Mt 5,17-37), explicó que Cristo propone una “ley nueva” que no se limita a normas externas, sino que transforma el corazón.
Según señaló, esta ley encuentra su fuerza en la gracia del Espíritu Santo, capaz de inscribir en lo profundo del ser humano el verdadero sentido de los mandamientos y llevarlos a plenitud.
La ley como camino de libertad
El Papa recordó que, tras la liberación de Egipto, Dios ofreció al pueblo de Israel el Decálogo como un itinerario de vida y salvación. Lejos de ser una carga opresiva, los mandamientos —afirmó— deben entenderse como una guía luminosa en medio del desierto, un apoyo para caminar hacia la libertad auténtica.
Cumplirlos, añadió, no significa adherirse de manera fría a un código moral, sino responder con amor agradecido a la alianza con Dios. En esa línea, subrayó que la ley divina no limita la libertad humana, sino que la hace posible y la orienta hacia su plenitud.

El corazón, origen del bien y del mal
Al profundizar en las palabras de Jesús sobre el mandamiento “No matarás”, el Pontífice explicó que la raíz de toda violencia se encuentra en el interior del hombre. Recordó la advertencia de la Primera Carta de San Juan —“Todo el que odia a su hermano es homicida”— para destacar que el desprecio, la envidia y el rencor nacen en el corazón antes de manifestarse en acciones concretas.
En ese contexto, evocó también la enseñanza del Concilio Vaticano II en la constitución pastoral Gaudium et spes, subrayando la cercanía de la Iglesia con las alegrías y sufrimientos de la humanidad, especialmente de los más vulnerables.
Un llamado directo a la comunidad de Ostia
El Papa aplicó estas reflexiones a la realidad local, reconociendo que en Ostia persisten situaciones de violencia que afectan particularmente a jóvenes y adolescentes, así como la influencia de grupos delictivos.
Ante ese panorama, instó a la comunidad parroquial a no resignarse a una “cultura del abuso y de la injusticia”, sino a sembrar en los barrios y hogares el respeto, la armonía y la reconciliación. Pidió además invertir energías en la educación de las nuevas generaciones y comenzar por “desarmar los lenguajes”, promoviendo palabras que construyan en lugar de herir.
La parroquia como signo de paz
El Pontífice recordó que hace más de un siglo, el Papa Benedicto XV impulsó la dedicación de esta parroquia en el contexto de la Primera Guerra Mundial, como un signo de esperanza en tiempos de oscuridad.
Hoy —lamentó— persisten lógicas que exaltan la supremacía del más fuerte y buscan la victoria a cualquier precio. Frente a ello, reafirmó que la respuesta cristiana es la mansedumbre, la oración constante por la paz y el compromiso humilde por custodiarla en la vida cotidiana.
Citando a Agustín de Hipona, recordó que la paz está al alcance de quien la desea verdaderamente, pues “nuestra paz es Cristo”. Finalmente, invitó a la comunidad a caminar unida, bajo la protección de María, Reina de la Paz, para que cada día sea testimonio vivo de reconciliación y esperanza.
