Pío IX y México: el choque entre Roma y el liberalismo que marcó la Reforma
Un 7 de febrero de 1878 murió en Roma Giovanni María Giambattista Pietro Pellegrino Isidoro Mastai Ferretti, conocido como Pío IX, el 250.º Papa de la Iglesia católica. Su pontificado, que se extendió por 31 años y medio, es el más largo en la historia de la Iglesia y estuvo marcado por profundos conflictos con los movimientos liberales del siglo XIX. Uno de los escenarios donde ese enfrentamiento tuvo consecuencias decisivas fue México.
En el contexto de la Constitución de 1857, el Vaticano, bajo el liderazgo de Pío IX, asumió una postura frontal contra las reformas liberales impulsadas por el Estado mexicano. Antes incluso de la promulgación constitucional, el pontífice pronunció en diciembre de 1856 una alocución que resonó con fuerza entre el clero y los sectores conservadores del país. En ella condenó los principios centrales del nuevo orden constitucional: la supresión del fuero eclesiástico, la prohibición de privilegios económicos, la libertad de cultos y la libertad de expresión, a las que calificó como ataques directos a la “santísima religión”.
Para Pío IX, estas disposiciones no solo erosionaban la autoridad de la Iglesia, sino que promovían lo que llamó el “indiferentismo religioso”, considerado por Roma como una amenaza moral y espiritual. En su mensaje, el Papa denunció al gobierno mexicano por atentar contra las leyes, derechos y propiedades eclesiásticas y anunció la condena pontificia de los decretos civiles, declarándolos “írritos y de ningún valor”.
La reacción papal no quedó en el plano discursivo. Tras la promulgación de la Constitución de 1857, Pío IX excomulgó a todos los mexicanos que juraran y obedecieran la nueva Carta Magna, una decisión de enorme peso político y social en un país mayoritariamente católico. Esta medida radical contribuyó a polarizar aún más a la sociedad mexicana y sirvió de sustento ideológico para los sectores reaccionarios que, un año después, se alzaron en armas en la Guerra de Reforma o Guerra de los Tres Años (1858-1861).
Así, la figura de Pío IX quedó inscrita en la historia nacional no solo como un líder religioso distante, sino como un actor internacional cuya intervención influyó directamente en uno de los periodos más convulsos del siglo XIX mexicano. Su muerte, ocurrida en 1878, cerró una etapa del papado caracterizada por la resistencia al liberalismo moderno, pero su legado —en particular el conflicto entre Iglesia y Estado— dejó una huella duradera en la construcción del México laico.
