Pemex revierte su fragilidad financiera y redefine su papel en la economía nacional
El Plan de Fortalecimiento de Pemex 2025-2035 comienza a mostrar resultados que reconfiguran el debate sobre el futuro de la empresa productiva del Estado. Más allá de los señalamientos históricos sobre su carga financiera, el gobierno federal presentó un balance que apunta a un giro estructural: Petróleos Mexicanos dejó de ser sinónimo de endeudamiento crónico para perfilarse nuevamente como un activo estratégico del desarrollo nacional.
Durante la presentación de los primeros avances del plan, la secretaria de Energía, Luz Elena González, informó que Pemex logró una reducción histórica de 20% en su deuda total, un hecho inédito si se contrasta con el incremento cercano a 130% registrado en la década previa, periodo en el que la petrolera llegó a ser catalogada como la más endeudada del mundo.
La funcionaria subrayó que este resultado no fue producto de una medida aislada, sino de una estrategia financiera integral diseñada junto con la Secretaría de Hacienda, que permitió capitalizar a la empresa, cumplir puntualmente con sus compromisos financieros y avanzar en el pago a proveedores sin generar tensiones en los mercados internacionales.
Este desempeño ya tuvo un impacto inmediato en la percepción externa de la petrolera. Las principales agencias calificadoras —Moody’s, Fitch y Standard & Poor’s— mejoraron la calificación crediticia de Pemex, un movimiento que, de acuerdo con el gobierno federal, refleja una mayor confianza en la viabilidad del nuevo modelo de gestión y en la coordinación institucional que lo respalda.
En el ámbito operativo, los resultados también marcan un punto de inflexión. González informó que en 2025 se estabilizó la producción de petróleo crudo, garantizando el abasto para las refinerías nacionales, como parte del proceso de reintegración vertical instruido por la presidenta Claudia Sheinbaum. Este enfoque busca que Pemex vuelva a controlar de manera integral la cadena de valor, desde la extracción hasta la transformación de los hidrocarburos.
Uno de los indicadores más relevantes es el repunte en la capacidad de refinación. Mientras que en 2018 el Sistema Nacional de Refinación procesaba poco más de 600 mil barriles diarios, para 2025 la cifra alcanzó 1.2 millones de barriles diarios. Este aumento permitió elevar la producción de gasolinas, diésel y turbosina —combustibles de mayor valor agregado— y se tradujo en un incremento de 7.8% en su comercialización, apoyado además por acciones contra el comercio ilícito de combustibles.
Pemex revierte su fragilidad financiera y redefine su papel en la economía nacional
La estrategia, explicó la secretaria, no se limita al petróleo. El plan también priorizó la reactivación de la petroquímica y de la producción de fertilizantes, sectores que durante años permanecieron prácticamente desmantelados. En 2025, la producción de fertilizantes creció 21%, un avance que impacta directamente en el apoyo al campo mexicano, la reducción de importaciones y el fortalecimiento de la autosuficiencia alimentaria.
De cara a 2026, el gobierno federal anticipa un incremento de 34% en la inversión del sector hidrocarburos, tanto pública como mixta. Los recursos se destinarán a proyectos estratégicos, modernización operativa y acciones de sustentabilidad, con énfasis en la reducción de emisiones contaminantes y la incorporación de nuevas tecnologías.
Más allá de las cifras, el mensaje político y económico es claro: Pemex busca dejar atrás su papel como foco de riesgo fiscal para consolidarse como una empresa viable, con capacidad de generar valor y contribuir a la soberanía energética del país. Bajo un esquema de coordinación permanente entre la Presidencia, la Secretaría de Hacienda y el sector energético, el gobierno apuesta a que la petrolera sea nuevamente un pilar del desarrollo nacional.
“Después de décadas de privatizaciones y desmantelamiento, hoy Pemex se fortalece con trabajo profesional, coordinación institucional y el respaldo de su plantilla laboral”, afirmó González, al reconocer el papel del director general y de los trabajadores como actores centrales en esta nueva etapa de la empresa.
