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Prevención antes que resignación: Salud busca romper el fatalismo en torno a la diabetes

Prevención antes que resignación: Salud busca romper el fatalismo en torno a la diabetes

En un país donde la diabetes se ha normalizado como sinónimo de enfermedad crónica incapacitante, el secretario de Salud, David Kershenobich, lanzó un mensaje que busca cambiar de raíz esa percepción: la diabetes mellitus no es una condena inevitable, ni hacia la discapacidad ni hacia la muerte prematura.

Durante una exposición centrada en medicina preventiva, el funcionario sostuvo que hasta 60% de los casos pueden prevenirse o retrasarse si se actúa con diagnóstico oportuno, cambios sostenidos en el estilo de vida y estrategias dirigidas a poblaciones con mayor riesgo, lo que implica un viraje en la forma en que el sistema de salud enfrenta esta enfermedad.

Kershenobich subrayó que uno de los principales obstáculos no es médico, sino cultural. Persiste —dijo— la idea de que, una vez diagnosticada la diabetes, las complicaciones graves como insuficiencia renal, ceguera, amputaciones o hipertensión son inevitables. “Eso no es cierto”, afirmó, al explicar que la enfermedad se desarrolla de manera progresiva a lo largo de la vida y puede mantenerse bajo control sin consecuencias graves cuando se detecta a tiempo.

Un cambio de enfoque: prevenir donde el riesgo es mayor

El eje de la nueva visión no es aplicar medidas generales, sino identificar y atender de manera temprana a quienes tienen mayor probabilidad de desarrollar diabetes. De acuerdo con el titular de Salud, esta estrategia permite reducir entre 40% y 60% el riesgo, sobre todo cuando las intervenciones se realizan antes de que aparezcan síntomas clínicos.

El reto, explicó, es que millones de personas viven con alteraciones metabólicas sin saberlo, ya que la enfermedad puede avanzar de forma silenciosa durante años. Entre las señales de alerta temprana mencionó niveles de glucosa en ayuno aparentemente “moderados” —110 o 120 mg/dL—, aumento del perímetro abdominal aun sin obesidad evidente, dietas altas en calorías y ultraprocesados desde edades tempranas, estrés crónico, trastornos del sueño y sedentarismo.

Estos factores, advirtió, pueden adelantar el desarrollo de la diabetes entre cinco y diez años, incrementando de manera significativa la probabilidad de padecerla.

El peso de la herencia… y del entorno

Uno de los puntos más relevantes fue el impacto de los antecedentes familiares. Tener un familiar directo con diabetes duplica o triplica el riesgo, y contar con dos familiares cercanos puede multiplicarlo hasta seis veces. Sin embargo, Kershenobich aclaró que no todo es genético: los hábitos compartidos en casa —alimentación, actividad física y estilos de vida— juegan un papel determinante.

“Solo saber que un familiar directo tiene diabetes permite activar prevención temprana”, afirmó, al enfatizar la responsabilidad de madres y padres en modificar rutinas domésticas para evitar que niñas y niños desarrollen la enfermedad en la adultez.

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Diabetes gestacional: una oportunidad desaprovechada

El secretario calificó a la diabetes gestacional como una de las áreas más descuidadas de la prevención. Recordó que las mujeres que la padecen tienen entre siete y diez veces más riesgo de desarrollar diabetes en el futuro, y que sus hijas e hijos también quedan en condición de alto riesgo.

Por ello, insistió en la necesidad de un seguimiento médico obligatorio, que incluya revisión de glucosa entre seis y doce semanas después del parto, así como monitoreo anual durante al menos cinco años. “Cada caso de diabetes gestacional sin seguimiento es una oportunidad perdida de prevención”, alertó.

Hacia un sistema de salud preventivo

El mensaje final apunta a un cambio estructural en el sistema de salud: dejar de concentrar recursos únicamente en el tratamiento de complicaciones y fortalecer la prevención, la atención primaria, el diagnóstico temprano y la educación en salud, con el objetivo de generar un “contagio social” de hábitos saludables.

“No debemos enfocarnos solo en tratar las consecuencias, sino en evitar que la enfermedad aparezca”, concluyó Kershenobich, al plantear que la lucha contra la diabetes comienza mucho antes del primer síntoma y, sobre todo, mucho antes del consultorio.


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