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La deriva del poder: Estados Unidos ante el riesgo de una crisis política y moral

La deriva del poder: Estados Unidos ante el riesgo de una crisis política y moral

La deriva del poder

La advertencia del jefe de policía de Mineápolis, Brian O’Hara, resuena como un presagio inquietante: teme el instante en que “todo explote”. No es una frase aislada ni un gesto dramático. Es el reflejo de un clima político y social que parece avanzar, paso a paso, hacia un punto de ruptura.

Cuatro crisis que convergen

El escenario actual está marcado por al menos cuatro procesos de deterioro simultáneo. Primero, el debilitamiento del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Segundo, la erosión de la calma interna allí donde actúan con abuso los agentes de inmigración. Tercero, el desgaste de las reglas democráticas, visibles en ataques a instituciones clave y en procesos judiciales usados como armas políticas. Y, finalmente, un factor decisivo: el progresivo deterioro psicológico del presidente Donald Trump, que parece alimentar todos los anteriores.

La personalidad como motor del conflicto

El poder suele intensificar los rasgos más problemáticos de quienes lo ejercen. En el caso de Trump, el narcisismo se vuelve con los años menos contenido y más explosivo. A la autoconfianza inicial se suman la grandilocuencia, la falta de empatía y una reacción desproporcionada ante cualquier crítica. En un líder con control del aparato estatal, estos rasgos adquieren consecuencias globales.

Durante el último año, la inclinación hacia la fuerza se ha acelerado. Las operaciones militares se multiplicaron y dejaron un reguero de muertes en escenarios tan distantes como Venezuela, Irán, Nigeria o Somalia. La política exterior se volvió una sucesión de golpes preventivos que parecen más impulsos que estrategias.

Lecciones desde la historia antigua

Para comprender este fenómeno, algunos vuelven la mirada a los cronistas de Roma. Salustio y Tácito retrataron emperadores que, embriagados de poder, confundieron autoridad con impunidad. De Nerón a Cómodo, el patrón se repite: aislamiento, paranoia, corrupción y una confianza desmedida que termina debilitando al propio régimen.

Edward Wortley Montagu distinguía entre la ambición —capaz de impulsar el servicio público— y el ansia de dominación, una pasión egoísta que arrasa con las virtudes sociales. El tirano, escribía, solo confía en quienes comparten su falta de escrúpulos, y convierte la mentira en moneda corriente.

Tácito observó otro efecto corrosivo: la adaptación moral. Al principio, la brutalidad escandaliza; luego, se normaliza. La adulación sustituye al juicio crítico, los ciudadanos moderados se ocultan y la vida pública se llena de gestos vacíos. Así se erosionan, lentamente, los hábitos de la democracia: el diálogo, la confianza, la intolerancia frente a la corrupción.

¿Un colapso inminente?

Nadie puede prever de dónde surgirá la próxima crisis: un conflicto interno, un episodio criminal o una escalada internacional. Analistas como Robert Kagan advierten que Estados Unidos se adentra en el entorno más peligroso desde 1945, uno que hace parecer a la Guerra Fría un período de relativa estabilidad.

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No se vislumbra un derrumbe comparable al de Roma. Las instituciones estadounidenses conservan solidez y la sociedad mantiene valores democráticos profundos. Sin embargo, la dinámica actual está condicionada por la psicología dañada de un solo hombre, y la historia ofrece pocos ejemplos de líderes que, tras acercarse a la tiranía, recuperen la moderación.

Advertencias de los fundadores

Los padres fundadores estudiaron con atención a los historiadores clásicos. Jefferson veneraba a Tácito; Adams advertía que ninguna Constitución resiste a las pasiones humanas sin frenos morales. Sabían que el deseo de poder es una fuerza primaria y que las leyes, por sí solas, no bastan para contenerlo.

Hoy, como entonces, la pregunta no es solo institucional sino ética. ¿Podrá una democracia resistir cuando quien la encabeza convierte su fragilidad personal en motor político? La respuesta, todavía abierta, marcará el rumbo de los próximos años.


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