Nahle gana la guerra sucia
A pesar de que los intereses en Veracruz que impulsaron la guerra sucia que encabezó Pepe Yunes, gris prianista, que cavó su tumba política con la derrota aplastante que le impuso Rocío Nahle, la gobernadora superó las intenciones de hundirla en las críticas y arrojó una aprobación popular del 58.8 por ciento a pesar de la intensa campaña en los medios de la entidad.
La aprobación de la gobernadora de Veracruz parecería nadar contracorriente, pero lo que sucede es que mantiene una estrecha relación con el verdadero pueblo no con los que se autodenominan sus representantes, quienes en realidad son muy pocos.
Los medios en la entidad no informan a nadie, sus columnistas no influyen en la política y sus propietarios siguen sin recibir el subsidio acostumbrado.
La multa de más de 14 millones que debió pagar Arturo Castagné, cabeza visible de esa agresión pareciera haber enardecido los odios contra la gobernadora.
El resentimiento de su contrincante prianista, y la inercia de cuestionamientos de los medios carentes de profesionalismo trataron de impedir que la gobernadora y su equipo trabajaran. Creen que bajo presión el gobierno estatal cederá a sus chantajes y extorsiones.
A pesar de enfrentar varias trincheras políticas, la población ha apoyado a la gobernadora con un 58.8 por ciento de aprobación. La población hace caso omiso de las opiniones de los medios desde hace varios años, su descrédito es producto de sus propios excesos y vicios arraigados desde las épocas de nefasto fidel herrera.
El protagonismo y la estridencia de los columnistas locales persisten en apostar por el viejo método del “te pego para que me pagues”.
El descrédito evidente de los medios y sus trabajadores de la pluma, son sólo un efecto del desgaste de una oposición que insiste en afirmar que existe todavía en el estado, aunque sean sólo grupúsculos en extinción.
Sin embargo, no son los únicos enemigos de la gobernadora de Veracruz, los sabotajes a su trabajo, la misoginia, la preparación académica y experiencia hace ver muy pequeños a nuevos y viejos contrincantes.
Rocío Nahle cuenta con enemigos del pasado, del presente y del futuro, incluso en sus propias filas, quienes tratan de que ocultar sus reconocimientos nacionales y mundiales. Que tienen más repercusión en el resto del planeta que en Veracruz
Enemigos del pasado como Eric Cisneros, quien bajo la indiferencia y complicidad de Cuitláhuac García, trató de hacer campaña preelectoral con un libro de elemental lectura y básicos conocimientos, cuyo contenido a nadie interesa y el imberbe Esteban Ramírez, quien nunca ha sabido dónde tiene la nariz aunque sabe perfectamente dónde se ubican otras partes de su cuerpo, es incapaz de llevar a cabo una tarea partidista, por mínima que ésta sea.
Manuel Huerta, senador sin logros, va con todo para restarle simpatías a la gobernadora, aunque no pueda ni con su propia imagen y vitalidad, acostumbra quedarse dormido en actos públicos y sesiones.
Personaje de pocas simpatías, y forzadas entrevistas en los medios, intenta aconsejar a la gobernadora desde una posición donde no cabe la posibilidad de una hacer una sugerencia sin que ésta implique misoginia y agresividad. Cree que Rocío Nahle no sabe lo que hace como si su trabajo como senador hubiera tenido algo trascendente más allá de traicionar a compañeros del partido.
Los Yunes no son indiferentes a la intención de exterminio político de la gobernadora, ni los posibles competidores que se quedaron atrás en las contiendas pasadas y los que saben que se quedarán en el camino en el futuro.
Alcanzar el 58.8 de aprobación a su incansable albor como gobernadora, es el equivalente a un promedio prácticamente igual que el que tiene la Presidenta de la República, reflejo de la visión de un pueblo que no se deja manipular ni por las noticias falsas ni por los falsos políticos.