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ORACIÓN “¡CAMBIA TU FORMA DE PENSAR Y VERÁS RESULTADOS EXCELENTES!”

ORACIÓN “¡CAMBIA TU FORMA DE PENSAR Y VERÁS RESULTADOS EXCELENTES!”

ORACIÓN “¡CAMBIA TU FORMA DE PENSAR Y VERÁS RESULTADOS EXCELENTES!”

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

CAMBIA TU FORMA DE PENSAR Y VERÁS RESULTADOS. Te saludamos, Padre Santísimo y Te decimos: ¡Qué grato es despertar pensando en Ti y dejando atrás nuestro caduco y estéril ayer!

¡Qué tremenda verdad! Nos cuesta muchísimo desechar el ayer improductivo y estéril porque nos convertimos en seres de costumbres que solo nos ubican y mantienen con lo poquito en esta absurda y necia mediocridad.

En esta ocasión, Padre Santísimo, ante Tu presencia Te suplicamos como lo hizo el mismo Rey David: un hombre conforme a Tu corazón: “¡Crea en mí, Oh, Dios,

¡un corazón limpio! ¡Renueva un espíritu recto dentro de mí!” (Salmo 51:10). Sí, Padre Santísimo: ¡Arranca de nosotros ese viejo corazón de piedra! ¡Crea un nuevo corazón y renueva nuestro espíritu!

¡Solamente así nuestra forma de pensar será divina, porque tendremos LA MENTE DE CRISTO, NUESTRO AMOR SERÁ DIVINO Y NUESTRO ESPÍRITU ESTARÁ SIEMPRE EN COMUNIÓN CON EL ESPÍRITU SANTO!

CAMBIA TU FORMA DE PENSAR Y VERÁS RESULTADOS EXCELENTES

Padre Santísimo: ¡por favor! ¡Danos un nuevo corazón! ¡Derrama en nosotros el Vivificante Espíritu Santo! ¡Comprende que, desde niños, nuestro corazón está inclinado y propenso a la maldad! Es la voz del Espíritu Santo, la que nos confirma esta triste realidad:

“Porque NO HAGO EL BIEN QUE QUIERO, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí.” (Romanos 7: 19-21).

Padre Santísimo: Tu mismo Amado Hijo confirmó esta realidad humana: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (San Lucas 6:45).

Queremos manifestarte que, con un nuevo corazón y lleno del Espíritu Santo, abundaremos en gracia, en sabiduría, en fortaleza y en bondad. ¡Estamos urgidos de ese cambio! Porque hará de nosotros,

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Tus hijos, ¡seres fuera de serie y con un dinamismo que nos hará vencer todos los imposibles, abriremos las puertas que hasta hoy permanecieron cerradas y en medio de tantas calamidades seremos testigos vivientes de Tu gran poder transformador!

El consejo del Espíritu Santo que nos conduce a amar al prójimo, porque en él vemos plasmada Tu divina imagen, solo con un corazón nuevo y lleno del Espíritu Santo nos hará ser capaces de servir cordialmente: “No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás». (Filipenses 2: 3-4). Vivir esta exigencia del Espíritu Santo es hacer de nosotros otros nuevos filántropos, como lo eres Tú y Tu Hijo Amado.

Salir de nuestro egoísmo, solo se lleva a cabo cuando tenemos ese corazón renovado y con la llenura del Espíritu Santo, porque sin él, solo seríamos carne propensa a la idolatría y a la vanagloria. Cuando Tú, Padre Santísimo nos concedes este preciadísimo don, es cuando el consejo del Espíritu Santo se vive con toda pasión: “Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo”. (Efesios 4:32).

Padre Santísimo: de un corazón contaminado por la maldad, solo destila egocentrismo, conveniencia y oportunismo. Con un corazón renovado en Ti y por Ti, brotará de él la bondad, la amabilidad, la paciencia, la prudencia, la sensatez, la misericordia, la compasión y el perdón. Eso es lo que hará de nuestras familias Iglesias domésticas que renovarán la faz de la Iglesia de Tu Hijo Amado.

¡Gracias, Padre Bondadoso! En esta madrugada nos has hablado al corazón y no dudamos que nos lo cambiarás para que Te glorifiquemos brindando a nuestros hermanos todo lo mejor que de Tu Espíritu Santo recibimos y recibiremos. Padre: ¡Bendito seas, junto con Tu Hijo Amado y Tu Espíritu Vivificador! AménP. Cosme Andrade Sánchez+


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