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¿Qué hacer con las víctimas de la Wallace?

¿Qué hacer con las víctimas de la Wallace?

¿Es la historia de amor de una madre que secuestra y destaza a su hijo para exorcizar a sus demonios infantiles generados, quizá, por una violación, humillación y desprecio masculino?
Isabel Miranda dejó la puerta abierta para asomarnos a los más obscuros instintos de venganza hacia los hombres por el excesivo maltrato del que fue víctima y brinda a su hijo como ofrenda.
¿Castró a sus parejas; a quien la embarazó, al primer padre adoptivo, al señor Wallace, quien sólo surge en doble estérico. Sólo ella guardó el secreto del auténtico apellido de ¿Hugo Alberto?
A los hombres del poder en turno también los sometió a sus caprichos, en un toma y daca, en un gana-gana de Fox, de Calderón, de Peña para disimular la corrupción del sistema judicial.
Dejó a la vista la dificultad para poner límites o defenderse ante conductas de maltrato. Culpa que la consumió. Mostró ceguera para apreciar las muestras de afecto sincero de millones de personas.
Mediáticamente voló con capa de heroína, la sociedad la aceptó como una mujer guerrera, con agallas, inteligente, fuerte, capaz de hacer la tarea judicial de investigación sin ser perito.
Su ego hasta el infinito quedó pequeño ante la insuficiencia de amor propio, los dicotómicos Pepe grillos sin piedad ni medida le inventaron una historia que al final la engulló como matriarca judicial.
La pesadilla aún no termina en el caso legal del supuesto secuestro de Hugo Alberto Wallace Mirada, de quien se duda no sólo de su muerte en pedacitos, sino hasta de su nombre de pila.
Una vez que el tiempo corrió el velo severas dudas se acumulan en la actuación de María Isabel Miranda Torres en la búsqueda de su hijo desaparecido a manos de “canallas despiadados”.
Recordando al actor Jim Carrey
¿Hugo Alberto Miranda Torres o Hugo Alberto León Miranda o Hugo Alberto Wallace Mirada? Un algo así como “Hugo Alberto, yo y mi otro yo” parafraseando a “Irene, yo y mi otro yo”.
Al caso, en modo coincidencia, podría tratarse de un tipo con triple personalidad, una amable y la otra peligrosa; un asunto de esquizofrenia alucinatoria con ira narcisista involuntaria.
Un Hugo Alberto arrogante, frívolo, elemental, prototipo de bajos sentimientos protegido por su madre hasta la locura o se trata de un ser amable, generoso, simpático y descuartizado.
La tragicomedia que se tejió el 15 de julio de 2005 abrió la puerta para sugerir que detrás del aparente rapto existe una trama de negocios turbios que habría que ocultar para salvar al hijo.
El Caso Wallace es una caja china para distraer la atención de algo que nunca estuvo en el interés colectivo. María Isabel Miranda Torres, de León, de Wallace ¿una psicópata necrófila?
En el libro, “Los Señores del Narco”, de Anabel Hernández, se vincula a Juana Hilda González Lomelí, como amante de Édgar Valdez Villarreal, “La Barbie”, y de ser novia de Hugo Alberto.
Señalada como mujer mala por sus actividades como bailarina de cabaret, Hilda González se permitió ser mujer del policía César Freyre, del narco Edgar Valdez y del junior Wallace Miranda.
Una triada inmersa en el sigilo como lo narra la “experta” en narcotráfico, la señora Hernández, con mucha suerte para allegarse de información primigenia o ser parte del reparto estelar.
Muchas investigaciones arriesgadas provienen de filtraciones o de análisis profundos, con elementos metodológicos, científicos, con una pisca de error, antes o después del cero.
Resulta difícil aceptar una buena actuación teatral fuera del proscenio de una madre amorosa, por dentro y por fuera angustiada, despiadada, desquiciada por el odio y la venganza. ¿De qué?
La furia de una madre amorosa, perversa, malvada, envidiosa, fuerte, astuta, con iniciativa y que no dependió de ningún hombre en su búsqueda se ejemplifica en María Isabel Miranda Torres.
La peor combinación que puede sostener una mujer para justificar su abandono y carencia de amor propio es tomar como bandera las causas perdidas de sus engendros malvaditos.
De acuerdo al guion de la tragicomedia Wallace en defensa de los derechos humanos, en la Fundación Alto al Secuestro, se maquinaron las mejores piezas de tortura y vileza humana.
Hoy las pesquisas insisten en que todo fue un montaje creado y dirigido por Isabel Miranda, producido por el sistema político, patrocinado por los medios de comunicación y consumido por televidentes.
¿Qué apellido le pondremos? “Matarile-rile-ro”
La Castración, un personaje, quizá baladí, incidental, pasó lista de presente y nos quedaremos con la duda de su verdadero apellido paterno, hilo conductor de una serie de mentiras eslabonadas.
Así de absurdos son los primeros indicios del falso secuestro, de la presumida muerte fileteada, de los imaginarios secuestradores donde los únicos personajes reales, de carne y hueso son ellos.
Los probables victimarios no son precisamente integrantes de una cofradía de la vela perpetua, sin embargo, como cualquier otro pecador social tienen el derecho a la presunción de inocencia.
Sin embargo, Anabel Hernández en “Los señores del narco”, incrimina a César Freyre, George Khoury, Jacobo Tagle Dobín, Brenda Quevedo y a Juana Hilda González, entre otros, del caso Wallace.
Ni Anabel ni María Isabel no son las personas indicadas para investigar, juzgar y encarcelar porque no son ninguna autoridad judicial, sin embargo, sus presunciones las dan como hechos irrefutables.
La relación entre Juana Hilda y La Barbie se usaron para sustentar una posible culpabilidad. Sin embargo, no existe prueba directa de que su vínculo esté relacionado con el secuestro de Hugo.
La única relación directa fue su relación sentimental con César Freyre Morales, también detenido y sentenciado. ¿El noviazgo de Wallace con Juana Hilda lo convierte en delincuente?
¿El amasiato Juana Hilda-Hugo Alberto es Leitmotiv para distraer que este era parte del cartel de La Barbie y para enterrar el supuesto se arma el secuestro y se deshace de sus cómplices con torturas?
Organizaciones de derechos humanos, abogados independientes y expertos advirtieron irregularidades graves en la investigación como pruebas forenses dudosas; confesiones bajo tortura.
Además, señalan falta de evidencia directa y manipulaciones mediáticas en donde Isabel Miranda juega un papel de activismo político con poder patibulario en el que su voz es ley de horca y cuchillo.
El Caso Wallace reveló las fallas estructurales del sistema penal mexicano, así como el uso de confesiones obtenidas bajo tortura; sentencias sin pruebas sólidas y criminalización mediática.
Además, el activismo político se convirtió en instrumento de poder sobajando la presunción de inocencia y la presión social, el dolor de una víctima y el morbo mediático intoxicaron el juicio legal.
En el estrado hay muchos implicados que deben estar bajo la lupa: Felipe Calderón, Eduardo Medina Mora, Genaro García Luna, Javier Lozano Alarcón, Marisela Morales, Rafael Macedo, entre otros.
Además, urge declarar desierto el Premio Nacional de Derechos Humanos, otorgado por el gobierno federal a María Isabel Miranda Torres.
El reconocimiento lo otorga el Gobierno Federal a las personas que se han destacado en la promoción efectiva y defensa de los derechos fundamentales no a torturadores y a embusteros.

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